Leonardo Bastida Aguilar – enviado

Tlalnepantla, Estado de México a 14 de febrero de 2019

En México, las labores de cuidado de personas representan el 7.5 por ciento del Producto Interno Bruto, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, sin embargo, la mayoría de estos trabajos no son remunerados y son realizados por las mujeres, situación que propicia la precarización de sus condiciones de vida, refirieron las participantes en la mesa de diálogo Políticas del cuidado: precarización y feminización, celebrada como parte del VI Coloquio de Investigación. Las emociones en el marco de las ciencias sociales: perspectivas interdisciplinarias, organizado por la Red Nacional de Investigadores en el Estudio Socio-Cultural de las Emociones.

A manera de introducción, Libertad Enríquez Abad, coordinadora de logística del evento académico, que tuvo como sede la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM, señaló que las labores de cuidado trascienden a las personas y a las familias, pero hay una evidente feminización y precarización de esta labor, la cual, históricamente le ha sido asignada a las mujeres, como una extensión del rol de la maternidad y un deber ser de sus actividades, en la mayoría de las ocasiones, sin remuneración alguna.

Incluso, destacó la psicóloga e integrante de la Colectiva Sororidad Glocal, las necesidades propias de la mujer se colocan en un espacio secundario ante las labores de cuidado, las cuales, son llevadas a cabo por la población femenina en una proporción de tres a uno con respecto al sector masculino, situación que urge a la realización de un análisis, visibilización e implementación de acciones para lograr una conciliación entre la vida laboral, familiar y personal de quienes las ejercen, pues el trabajo de cuidado pone en juego una serie de emociones, interacciones y acuerdos, pocas veces tomadas en cuenta.

María Martha Ramírez García, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, Universidad Jesuita de Guadalajara, refirió que el cuidado no se ha posicionado como un tema de Estado, ni se le asume como una política pública ni se toman en cuenta las necesidades de quienes cuidan y quienes reciben esos cuidados.

La investigadora añadió que sobre el cuidado hay una visión “familiarista”, pero debe “desfamiliarizarse” porque las familias, en específico sus integrantes mujeres, ya no pueden asumir esa responsabilidad de cuidado, por el contrario, debe ser una corresponsabilidad del Estado, de asociaciones, de la comunidad, y no debe recargarse en las mujeres.

A manera de propuesta, consideró necesario abordar la temática desde el análisis sociocultural de las emociones, ya que las emociones son constructos sociales influyentes en la construcción cultural de los roles y las relaciones sociales.

Estado de excepción

Gabriela Revueltas Valle, del Instituto de las Mujeres de la ciudad de México, mencionó que en el caso de la capital mexicana se ha inscrito en la constitución local el derecho al cuidado, a ser cuidado y a brindar cuidados, a fin de instrumentar elementos que abonen a la igualdad sustantiva frente a panoramas como el decrecimiento de la población juvenil y el incremento de la población adulta mayor y la escasez de servicios públicos destinados al cuidado de las personas.

El apartado B del artículo 9 de la constitución capitalina indica que “toda persona tiene derecho al cuidado que sustente su vida y le otorgue los elementos materiales y simbólicos para vivir en sociedad a lo largo de toda su vida”.

Además del establecimiento de “… un sistema de cuidados que preste servicios públicos universales, accesibles, pertinentes, suficientes y de calidad y desarrolle políticas públicas…”, el cual brindará atención a personas en situación de enfermedad, discapacidad, infancia y vejez, “… y a quienes, de manera no remunerada, están a cargo de su cuidado”.

Para la especialista, esta es una de las primeras medidas que se han tomado para revertir el reparto asimétrico del trabajo de cuidado entre familia, gobiernos y mercados y el débil empoderamiento económico de las mujeres.

Sin embargo, indicó que en la actualidad, son las mujeres quienes siguen subsidiando ese trabajo al Estado, quien considera a la labor de cuidado como un trabajo informal y no ha propiciado las condiciones para cambiar esos patrones al interior de los hogares ni generar otras condiciones de vida para quienes lo ejercen.

Por esa razón, consideró que políticas anteriores como el reparto de despensas o útiles escolares no daban solución al problema sino más bien perpetuaban la situación, en la que, el trabajo doméstico estaba repartido de manera injusta.

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