Redacción NotieSe

Ciudad de México a 15 de febrero de 2017

En México, del grupo etáreo de mujeres de entre 15 y 19 años, una de cada cinco ha sido madre o ha vivido la etapa el embarazo, reveló la  Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres (ENIM) 2015, elaborada por el Instituto Nacional de Salud Pública y la Representación en México del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, cuya finalidad es estimar indicadores clave, comparables internacionalmente, en temas de: salud, educación, bienestar, desarrollo infantil temprano, protección infantil, funcionamiento y discapacidad.

El documento, elaborado como una medición intermedia entre la Encuesta Nacional de Salud y Alimentación 2012 y la que se elaborará en 2018, mostró que la cifra se acrecienta en el grupo de mujeres, del mismo rango de edad, que no ha acudido a la escuela o sólo cuenta con educación primaria, a dos de cada cinco, es decir 40 por ciento.

Si bien el estudio aún muestra que el embarazo adolescente es más frecuente en las zonas rurales, también indicó que las cifras se han incrementado de manera sustancial en las zonas urbanas. Reflejo de esto es que la Ciudad de México y el Estado de México, donde se concentran los mayores espacios urbanos, es la zona con mayores índices de embarazo adolescente en el país.

Sobre el uso de métodos anticonceptivos, la Encuesta arrojo que 60 por ciento de las adolescentes sexualmente activas no utilizan ningún método anticonceptivo. De las que si lo usan, 22 por ciento recurre a un método anticonceptivo reversible de larga duración (dispositivo intrauterino, 17 por ciento,  e implante 6 por ciento), 6 por ciento utilizan métodos hormonales (4 por ciento inyecciones y 2 por ciento pastillas) y alrededor de 10 por ciento usan condones masculinos.

La pregunta ampliada a un rango de edad de mujeres de entre 15 y 49 años con una pareja estable, casada o en unión libre, permitió observar que 67 por ciento de ellas utilizaba al momento del estudio algún método anticonceptivo. De la gama de posibilidades disponibles, 33 por ciento optó por la esterilización; 13 por ciento por el dispositivo intrauterino; 6 por ciento por el condón; entre 3 y 4 por ciento métodos hormonales  (píldoras, implantes e inyecciones), y menos de 2 por ciento a métodos como la abstinencia periódica o el coito interrumpido.

De acuerdo con la Encuesta, la educación formal es un factor que influye en la decisión de utilizar o no un método anticonceptivo ya que el porcentaje de mujeres casadas o en unión que usa algún método anticonceptivo asciende de 60 por ciento en las que no tienen educación, a 66 por ciento entre las mujeres con educación primaria, y a 71 por ciento entre las mujeres con educación superior.

En el caso de la  población en general, la ENIM 2015 detectó que el uso de implantes hormonales es mucho más común entre las mujeres casadas con educación superior (12 por ciento) mientras que el uso de este método entre mujeres con menor educación varía entre 2 y 4 por ciento, dependiendo de la escolaridad alcanzada. En el caso de las inyecciones hormonales, la prevalencia entre las mujeres con educación superior es menor a 2 por ciento, mientras que para las mujeres con menor educación, la prevalencia oscila entre 4 y 5 por ciento.

En cuanto al no uso de métodos anticonceptivos entre mujeres casadas o en unión, la cifra es  de 33 por ciento y se eleva a 40 por ciento entre mujeres con bajos niveles de educación, que viven en los hogares más pobres, así como en hogares indígenas. También se observó que la mitad (49 por ciento) de las adolescentes casadas o en unión no usan ningún método anticonceptivo.

Sobre el concepto de necesidad no satisfecha de anticoncepción, aplicable a  las mujeres fértiles que están casadas o en unión y no están usando ningún método anticonceptivo, pero desean posponer el siguiente parto (espaciamiento) o 2) no desean tener más hijos/as (han establecido un límite en el número de hijos/as que desean), se obtuvo que 13 por ciento de las mujeres casadas o unidas en edad reproductiva tienen necesidades no satisfechas de anticoncepción, 5 por ciento para espaciar y 8 por ciento para limitar los nacimientos.

La cifra se modificó en el caso de las adolescentes casadas o en unión ya que reportaron prevalencias dos veces mayores de necesidad no satisfecha (28 por ciento).

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