Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México a 11 de abril de 2017

Hace 25 años, estalló uno de los conflictos más cruentos de la historia contemporánea europea, la guerra civil de la península de Los Balcanes, trayendo como consecuencia política la separación de la República de Yugoslavia en diferentes países, entre ellos, Bosnia y Herzegovina, cuya capital Sarajevo, fue inmortalizada por integrantes del grupo de rock irlandés U2, Brian Eno y el tenor italiano Luciano Pavarotti con la canción Miss Sarajevo y un documental homónimo en el que se rescata la anécdota de un concurso de belleza celebrado en el sótano de una casa, en medio del conflicto bélico entre serbobosnios y bosnios musulmanes, donde al final del certamen la ganadora despliega una manta con la leyenda “No dejes que nos maten”.

Esta manta era un llamado a la comunidad internacional a tomar cartas en el asunto, sobretodo a favor de las mujeres, pues en los tres años del conflicto se documentaron por lo menos 20 mil violaciones hacia mujeres musulmanas, las cuales eran llevadas a cabo como una estrategia por parte del ejército serbobosnio que se negaba a la separación del territorio bosnio de Serbia, pues aspiraban a conformar la Gran Serbia, en la que el Islam no era bienvenido. Incluso, dicho grupo armado estableció “campos de violación” donde llevaban a estas mujeres para ser abusadas durante el día y la noche.

Este episodio de la guerra fue el más cruento del conflicto, provocando millones de muertes y desplazamientos debido a que en territorio bosnio confluyen tres credos religiosos: musulmán, ortodoxo y católico, situación que representa un conflicto hasta hoy en día, pues cada credo está asociado a una identidad étnica.

Un cuarto de siglo después, 45 por ciento de las mujeres en este país que colinda con Croacia, Serbia y Montenegro afirmaron haber sido víctimas de por lo menos un acto de violencia en su contra. En este contexto, el realizador mexicano Sergio Flores Thorija se inmiscuye en la realidad bosnia durante tres años para retratar las situaciones cotidianas a las que se enfrentan las mujeres en este país, que no por ser tan comunes, dejan de tener relevancia, pero sobretodo marcan sus vidas, las cuales se desarrollan en medio de un ambiento con un dejo de conservadurismo y prejuicios.

Ivana debe cuidar a su madre, una persona mayor que depende de ella para todo. Después de prepararle su desayuno y dejarla frente al televisor viendo telenovelas mexicanas, debe partir con rumbo a su trabajo, un restaurante en donde debe cocinar decenas de huevos y otros platillos mientras piensa que con sus habilidades, como un gran dominio del inglés, podría irse a vivir a Estados Unidos.  El destino la pone en el mismo camino que un ciudadano americano que visita Sarajevo.

Clara dejo atrás su natal Brasil para probar suerte en otro país, estudiar, conocer otros horizontes y otras culturas que puedan enriquecer su vida. En ese descubrimiento de otras sociedades debe enfrentarse a la necesidad de conseguir un trabajo, probablemente no de su agrado total, y a interaccionar con otras personas que le cuestionan muchas cosas, desde sus raíces hasta la manera en la que vive.

Marina enfrenta la noticia de que su mejor amiga se mudará a Finlandia con sus padres en una semana. Llevan años de conocerse y convivir por lo que le pide que esa última semana no dejen de verse ni un día en compensación con todo el tiempo que estarán separadas.  Mientras transcurre la semana, Marina comienza a cuestionarse sobre los sentimientos que tiene hacia su amiga.

Las tres historias forman parte de esta inmersión de Flores Thorija en el contexto bosnio, el cual plasma en 3 mujeres o (despertando de mi sueño bosnio), producto de una beca ganada por el realizador mexicano para estudiar un doctorado en cine en Sarajevo con el cineasta húngaro Béla Tarr. Se exhibe en Cineteca Nacional. Consulte cartelera en www.cinetecanacional.net

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*