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Muchos
jóvenes y adolescentes encuentran en el sexo oral algunas
ventajas sobre el coito. Para algunas mujeres, por ejemplo, es una
forma de conservar su virginidad o de evitar embarazos no deseados
(de "no embarcarse", dirán ellos) sin renunciar al
goce sexual, a los escarceos eróticos, al trato igualitario
que supone la práctica del sesenta y nueve. Una encuesta publicada
por la prestigiosa revista JAMA de la Asociación Médica
de Estados Unidos reveló que incluso para una gran cantidad
de jóvenes norteamericanos practicar el sexo oral no significa
tener propiamente relaciones sexuales. Por su parte, algunas agrupaciones
gay de Europa y Canadá promueven en sus folletos preventivos
la actividad oral como alternativa a la penetración anal para
reducir los riesgos de infección del VIH entre los homosexuales.
Sin embargo, lo que para muchos y muchas jóvenes representan
ventajas de la práctica oral sobre otras prácticas sexuales,
podría anularse si no se siguen mínimas y sencillas precauciones
para evitar la transmisión de gérmenes tan peligrosos
como el VIH.
¿Es riesgoso es el sexo oral?
Los epidemiólogos han clasificado las prácticas sexuales
según su grado de riesgo de transmisión de infecciones.
Las de mayor riesgo son las penetraciones vaginales y anales sin condón.
Por esa vía han ocurrido la gran mayoría de las infecciones
de VIH. Las más seguras son las caricias, la masturbación
mutua y el frotamiento de los cuerpos, es decir el sexo sin penetración.
Al sexo oral sin protección los especialistas lo clasifican
como de "bajo o menor riesgo". Las primeras están
muy documentadas y existe abundante literatura científica para
demostrarlo. Y aunque no abundan los estudios sobre el riesgo de las
prácticas orales, en quince años de epidemia se han reportado
muy pocos casos de infección por esa vía, pero en ningún
caso se ha podido comprobar que efectivamente ése haya sido
el medio de transmisión. La conclusión es siempre la
misma: la infección es posible, pero muy, muy poco probable.
En 1992, el doctor Alain Keer y colegas señalaron en Journal
of AIDS (Vol. 6, Núm. 2) que después de interrogar a
102 hombres homosexuales seropositivos, 20 afirmaron sólo haber
practicado sexo oral. Pero al repetir el cuestionario en forma más
individualizada, 11 de ellos admitieron haber ocultado información.
El estigma social que pesa sobre la sodomía hace que algunas
personas falseen la información con lo que se tergiversan las
conclusiones y se sobrevalora el carácter infeccioso de dicha
práctica.
Por los orificios de tu cuerpo
Guagüis, beso negro, beso rosa, son algunos de los motes con los
que popularmente se conocen las modalidades del sexo oral: felación
(succión del pene); analingus (beso anal); cunnilingus (beso
vaginal). Aunque no se han establecido las probabilidades de adquirir
el VIH por practicarlas, se cree, de manera hipotética, que
el riesgo está presente bajo determinadas condiciones. Se sabe
que el intercambio de algunos fluidos corporales es lo que permite
la transmisión del virus del sida de una persona a otra. En
la felación, el mayor riesgo es la presencia de semen en la
boca, pues bastaría una pequeña herida en la mucosa bucal,
un fuego o una encía sangrante, para que el contacto del esperma
con la sangre facilitara el paso del VIH. Por ello la primera recomendación
Jan Saudek es el uso del condón, y en su defecto evitar recibir
semen o eyacular en la boca de la pareja, aunque se debe tomar en cuenta
que el líquido pre-eyaculatorio también contiene una
fuerte concentración viral.
Debido a las dificultades para recabar información confiable,
los riesgos de las otras dos prácticas orales no están
documentados, pero se suponen menores a los de la felación.
Los epidemiólogos coinciden en señalar que existe mayor
riesgo de transmitir otras enfermedades por esas vías que la
infección por VIH. En el cunnilingus o beso vaginal, por ejemplo,
la transmisión del virus del herpes genital es mucho más
factible que la del virus del sida. La ausencia de casos de transmisión
del VIH de mujer a mujer (en México no se ha registrado un solo
caso), parece respaldar esa aseveración. Pero aquellos y aquellas
que gustan de practicarlo deben tomar en cuenta que técnicamente,
los riesgos de infección existen, pues el contacto de dichas
secreciones con alguna pequeña herida de la mucosa bucal podría,
al menos hipotéticamente, facilitar la transmisión del
VIH. Para extremar precauciones se recomienda cubrir los labios vaginales
con plástico adhesivo de uso doméstico o con un parche
dental de látex.
De las prácticas orales, el beso negro es la de menor o nulo
riesgo de infección por VIH, aunque sí es una vía
común para la transmisión de enfermedades como la hepatitis
B (potencialmente mortal), la amibiasis, el herpes genital y diversos
trastornos grastrointestinales por la eventual ingestión de
imperceptibles residuos fecales. Las precauciones aquí son
las mismas que las recomendadas para el cunnilingus.
Cuestión de imaginación
La intención del trabajo preventivo no es la de atemorizar o
juzgar ciertas prácticas sexuales. No hay por qué renunciar
al placer que proporcionan si podemos hacer de dichas prácticas
unas actividades seguras para la salud. Hay muchas maneras de simular
los inconvenientes que se desprenden del uso del látex o del
plástico. Incluso Conasida recomienda en sus folletos untar
con mermeladas, los condones para superar su sabor desagradable. Además,
hay condones para el sexo oral: los de sabores o que no contienen lubricante.
Pero para quienes, después de sopesar los riesgos, se resisten
a utilizar protección en el sexo oral, existen algunas recomendaciones
básicas: no cepillar los dientes minutos antes de entregarse
al goce oral (por el riesgo de lastimar las encías y hacerlas
sangrar), y por las mismas razones evitar el sexo oral después
de visitar al dentista; no recibir esperma en la boca (por tratarse
del fluido corporal con mayor concentración de VIH, después
de la sangre), y en caso de recibirlo accidentalmente, escupirlo de
inmediato y enjuagarse la boca sin cepillarse los dientes. (Carlos
Bonfil. Tomado de Letra S, número 31, febrero de 1999)

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Los
penes o la feria de las vanidades masculinas
Es difícil imaginar que algo tan pequeño, que se estira y se afloja
de manera un tanto caprichosa, provoque tantas emociones, pasiones encendidas,
visitas furtivas al médico, búsquedas desesperadas, consultas al
terapeuta, angustias, bebés, chistes colorados, noches de insomnio, risitas
apenadas y hasta crímenes


Notas
sobre el orgasmo femenino
“¿ Cuántos penes tiene el diablo?”, preguntaba el inquisidor
a la ‘poseída’. “¿Y de qué tamaño
son?” La “endemoniada”, acusada de queveres con el diablo -espasmódica
y convulsa- era castigada. La mística tenía sus queveres con Dios,
igualito de espasmódica. Era una santa. La Malleus Maleficarum, editada
en 1486 definía a las brujas: “secta de mujeres que tienen como
objetivo dañar a los hombres”. Las brujas podían causar impotencia
e, incluso, “despojarlos de su miembro viril”. El origen de la brujería
estaba “en la pasión carnal que es insaciable en esas mujeres”.


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