Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México a 11 de julio de 2018

Cuando se toman en cuenta factores que hacen vulnerables a las personas a una infección de VIH, se habla de pobreza, marginación e inequidad, pero no de etnicidad ni de diversidad cultural, afirmaron especialistas participantes en el Coloquio VIH y Pueblos Indígenas, quienes refirieron que muestra de lo anterior es la falta de información y de cifras sobre la situación de la pandemia en las poblaciones indígenas de América Latina.

Durante el evento académico realizado en la Casa Chata del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, los pasados 5 y 6 de julio,   la antropóloga Patricia Ponce y los antropólogos Matías Stival y Rubén Muñoz compartieron datos sobre un informe realizado para la región, en el cual encontraron que la producción de información en la materia es escasa, entre otros factores, por no pensarse en que la salud es un problema que también atañe a estos grupos poblacionales; a los estereotipos sociales  alrededor de ellos, destacándose el pensarles como exóticos, y a pensar en su sexualidad como “tradicional”, únicamente heterosexual, y no en posibles sexualidades diversas.

Con respecto a lo último, indicaron que deben tomarse en cuenta factores  de riesgo como la migración de las y los integrantes de estos grupos a otras ciudades y a otros países, la posibilidad de una multiplicidad de parejas, sobre todo de la población masculina, la violencia física y sexual a la que pueden ser sometidas las mujeres, y la dificultad para llevar a cabo labores de prevención y detección del virus al interior de las comunidades debido a la discriminación existente hacia las personas con VIH.

Algunos de los datos compartidos por los especialistas mostraron que en algunas comunidades indígenas las tasas de morbilidad o de prevalencia son más altas al interior de estas que en el país donde se encuentran ubicadas. Como ejemplo, compartieron la situación de la comunidad aymara en Chile, en la que había un registro de morbilidad de 9.1 por cada 100 mil habitantes mientras que en la sociedad chilena en general era de 2.9 por cada 100 mil o en Venezuela, en las comunidades de la orilla del río Orinoco, donde la prevalencia es de 21.6 por ciento, en contraste con los registros nacionales, que son de 0.56 por ciento.

A pesar del panorama, Ricardo Hernández Forcada, director del Programa de VIH y Diversidad Sexual de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, indico que ninguna de las más de mil 200 quejas atendidas por el organismo con respecto al VIH está relacionada con pueblos indígenas, lo cual no significa que no haya irregularidades, sino, más bien, no se han registrado.

Recordó que el derecho a la no discriminación por origen étnico está garantizado desde 2001 pero no se ha traducido en la política pública.

Algunas respuestas

Al respecto, Patricia Uribe, directora general del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/sida, comentó que la población indígena es una de las más vulnerables en el país, con mayores índices de pobreza, y en específico, las mujeres, por las inequidades de género. Reflejo de lo anterior, acotó, es que en entidades como Campeche, Oaxaca y Yucatán, donde hay un gran sector de población indígena, las tasas de personas que viven con el virus son superiores a 20 por ciento.

Para la funcionaria pública, un aspecto a solventar a la brevedad es el determinar cómo llevar a cabo la instrumentación de una estrategia específica para estos grupos, basada en la evidencia que puedan dar estudios cuantitativos y cualitativos, de corte social.

Gabriela Velásquez, directora del Programa Estatal de VIH/sida de Oaxaca, indicó que en su entidad, hay realidades como la migración, la pobreza, la inequidad de género, la falta de servicios de salud, los usos y costumbres, la diversidad lingüística, el nulo uso del condón, la falta de políticas públicas, el analfabetismo y la geografía, las cuales, representan retos a superar, por lo que se busca regionalizar a los Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual.

Nicole Finkelstein, directora de Aids Health Care Foundation México, anunció que como parte de las labores de prevención que realiza la organización se elaborarán materiales en lenguas indígenas de cada una de las regiones de Oaxaca con la finalidad de acercar información y servicios de salud a estas comunidades a través de una clínica de atención móvil.

Algunos de los esfuerzos en la materia fueron compartidos por Daniel Bernal del Centro de Atención al VIH Casa y Vida de Sonora, organización que ofrece atención a personas indígenas de la entidad con un modelo de salud intercultural específico para las necesidades de las comunidades de la zona, incluido el conocimiento de su lengua.

Retos

Para Ponce, Stival y Muñoz, desde 2003, fecha en que agencias y organismos internacionales alertaron sobre el avance de la epidemia en los pueblos indígenas, no se ha generado una respuesta, pues el conocimiento de la epidemia es escaso y no se habla de las condiciones de vida que generan problemas en la salud.

Consideraron que parte de los retos por superar son la identificación de los problemas estructurales de los pueblos originarios; la generación de modelos de salud y políticas interculturales efectivas, los cuales, contemplen los usos y costumbres locales para detectar factores de riesgo; mayor y mejor capacitación para quienes se involucren en estos programas, incluida en idiomas; el surgimiento de la etnicidad como una categoría de análisis, y el diseño de líneas de acción y políticas públicas que den solución a una vulnerabilidad multidimensional.

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