Por Alejandro Brito

No hace falta ver por completo la película Pink, el rosa no es como lo pintan de Paco del Toro para saber que se trata de un film propagandístico cargado de prejuicios. La trama resulta tan predecible que con sólo ver el tráiler se adivina de inmediato el burdo y manipulador mensaje que se carga: un niño criado por padres homosexuales terminará siendo homosexual porque, según su muy simplista visión, “los niños aprenden en casa los patrones que después van a repetir en su día a día” (dice una voz en off mientras un niño se coloca una peluca frente al espejo imitando al padre homosexual adoptivo, representado de forma intencionadamente estereotipada y grotesca), como si las orientaciones sexuales obedecieran a patrones de conducta. El prejuicio más férreo sobre la homosexualidad es precisamente el que defiende contra toda evidencia científica el director de Pink, según el cual la homosexualidad es un patrón de conducta susceptible de aprendizaje o de modificación. El viejo prejuicio decimonónico que definió a la homosexualidad como un vicio contagioso. Un argumento basado en una falacia tan anacrónica no se sostiene, cae por su propio peso.

Y una vez vista hasta el final, resulta claro que más que una obra cinematográfica, Pink es una sucesión de sketches grotescos y sin gracia, un sainete fílmico de pésima factura. Y esto porque, en estricto sentido, Paco del Toro no es cineasta; él es un predicador que utiliza el cine con propósitos propagandísticos, y así hay que tomar su película, como un film de propaganda religiosa. Del Toro es un pastor metido a cineasta; él mismo así se asume. Según declaraciones dadas a un medio cristiano, el mismísimo Dios fue quien lo convirtió en realizador y le ordenó tomar la cámara para difundir su palabra. Pero no sólo eso, Dios mismo es quien aprueba los guiones de sus películas, y Del Toro no bromea ni se ruboriza al afirmarlo:

“Cuando me pongo a escribir, antes ayuno, oro. Y digo: ‘Señor, ayúdame. Qué tema quieres que escriba’. Porque puede haber un millón de temas. Pero cuál es el que Tú quieres. Dios elige los temas. Literalmente Dios elige los temas. Y me los confirma y los reconfirma. Me lo dice muchas veces a través de testimonios, visiones, sueños, a través de profetas”[1].

Del Toro se siente un ser iluminado elegido por el Señor para propagar lo que su alucinada mente registra como la palabra de Dios. Y en ese alucinamiento místico no solo le achaca a Dios el crédito como guionista de sus filmes, también lo responsabiliza por el discutible casting de sus películas: “Es Dios quien escoge a los actores”, declara entusiasmado al mismo medio cristiano y continúa: “El actor tiene que dar la facha, la fecha y la ficha. Pero Dios los trae. Yo le digo, ‘Señor, si ésta es tu voluntad, que venga, si no, pues trae a otro, al adecuado’.” (Sic)

En esta tesitura, Pink refleja más la personalidad de su autor que la realidad que intenta proyectar. Del Toro, como todo pecador arrepentido, transitó el tortuoso camino que conduce de una vida dada a la disipación hacia una vida entregada a la expiación vía la conversión religiosa. Del Toro tocó fondo y así describe la manera como alcanzó la salvación:

“Dios tuvo misericordia de mí en febrero de 1979, cuando estaba preso en drogas, fornicaciones y vanidad, sin hallarle sentido a la vida, pero alguien me habló de Jesucristo, pero no de una manera religiosa, no san Juan 3:16, sino me lo presentaron como un revolucionario, como un hombre que tuvo los pantalones de meterse al templo y voltear las mesas, como alguien que tuvo entereza, que afirmó su rostro para ir a Jerusalén, sabiendo a qué iba. Y me identifiqué con él. A partir de ahí mi vida empezó a cambiar.”[2] Tan fue así que abandonó su carrera de actor, y predicar el Evangelio de Jesucristo se convirtió en el objetivo de su vida. “Él me dijo ‘Tú ve a los reclusorios y vive por fe. Tú tienes que aprender a vivir por fe. Yo te voy a mantener, yo te pago’”. Y al parecer, Dios se lo ha pagado con creces porque, según ha informado, la producción de sus películas cuesta mucho dinero. Pink requirió una inversión de ocho millones de pesos[3]. ¿De dónde salieron esos recursos? Del Toro no lo dice, pero no sería sorprendente que el origen de ese dinero fueran las cuentas bancarias de las iglesias evangelistas a las que está ligado el realizador misionero.

A partir de esa experiencia, Paco del Toro repetirá en todas sus historias el mismo guión que él protagonizó en la vida real. A todos los problemas sociales que aborda en sus películas, les aplica el  mismo esquema: de una vida de desenfreno y pecado, los protagonistas se hunden en la desesperación y el extravío que los conducirá irremediablemente a la muerte, y sólo encontrarán la salvación en la Verdad del Evangelio. Si le funcionó a él, por qué no habría de funcionar para los demás, esa es la inferencia simplona de su pensamiento.

 

Píntalos de rosa

Del Toro no ha sido el único en usar el cine como medio de propaganda. Otros lo hicieron en el pasado para difundir masivamente ideologías de todo signo. Pero el problema de los dogmatismos ideológicos y religiosos es el reduccionismo al que someten a la realidad para hacerla encuadrar en sus doctrinas. Y para ello, manipulan de manera burda la información, distorsionan las vidas de aquellos grupos que perciben como el peligro o la amenaza a la familia, a la sociedad, a la patria o a la humanidad entera, según sea el caso. Al igual que hicieron los nazis en los campos de concentración, Del Toro elige el color rosa para estigmatizar a los homosexuales. Su método está dirigido a soliviantar las emociones de la gente, inhibiendo toda reflexión. Ése es el efecto buscado por Del Toro al manipular la cámara; según él, luego de ver sus películas, “la gente sale muy tocada, llorando y con deseos de buscar a Dios”.

En ese sentido, Pink es una película maniquea y difamatoria, absolutamente fallida de la que no valdría la pena ocuparse, confiando en el criterio y el buen juicio del público espectador, que se encargaría de castigarla en la taquilla. El problema es que su mensaje mesiánico y homofóbico prende y encuentra eco en sectores de jóvenes fanáticos que también han transitado, como Paco del Toro, ese proceso de arrepentimiento y adoctrinamiento religioso luego de haberse entregado a lo que consideran una vida disipada y pecaminosa, jóvenes que transitaron de una adicción a otra. Al respecto, basta con ver las escenas en Youtube de jóvenes integrantes de la iglesia Cristo Vive de México, –cuyo fundador, el pastor Carlos A. Pacheco fue quien incitó a Del Toro a realizar una película en contra de la adopción por parte de parejas homosexuales–, celebrando eufóricamente a la entrada de los cines de la cadena Cinemex el estreno de Pink, con cantos religiosos como si de un triunfo se tratara.

Son jóvenes que sufrieron problemas de adicción, de alcoholismo, de pandillerismo y otras conductas perniciosas y que ahora están siendo rehabilitados en las casas de rescate Cristo Vive. Algunos de los habitantes de esos albergues son ex convictos, que fueron sicarios de los Zetas y de otros cárteles de la droga, y hasta ex Maras Salvatrucha, a quienes, más que formarlos como ciudadanos con derechos y responsabilidades para con la sociedad, se les está formando como soldados de Cristo con la misión de defender a la familia cristiana. En 2014, Carlos A. Pacheco y sus seguidores organizaron una nutrida manifestación a la que concurrieron miles de personas en Saltillo, sede principal de esa iglesia que cuenta ya con más de quince sucursales en México, en defensa de la familia tradicional y en contra de las leyes aprobadas por la Legislatura de Coahuila que reconocen los matrimonios de parejas del mismo sexo y su posibilidad de adopción. Además, esa iglesia cuenta con programas de terapias de conversión para, supuestamente, “curar” la homosexualidad.

En este contexto, las demostraciones de regocijo por el estreno de una película tan homofóbica y difamatoria parecen más un canto de guerra celebratorio que una expresión de fe genuina. ¿Cuántos decibeles más de odio se necesitan para que de los cánticos y rezos, estos soldados de Cristo den paso a las agresiones? El fanatismo religioso y la violencia se han dado la mano con mucha frecuencia.

[1] (La Voz del Amado, Año I, Número 4, septiembre 2007. https://lavozdelamado.wordpress.com/tag/paco-del-toro/)

[2] (La voz del amado, ibíd.)

[3] (El Economista, marzo 6, 2016)

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