Redacción

Si bien, a escala global, más de 18 millones de personas toman tratamientos antirretrovirales y se está logrando eliminar la transmisión del VIH de madre a hijo, el número de nuevas infecciones por VIH no se está reduciendo entre la población adulta, y las mujeres soportan un riesgo especial de infectarse con el virus, señaló Michel Sidibé, director ejecutivo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida), en un mensaje emitido a propósito del 1 de diciembre, Día Internacional de  Lucha contra el Sida.

El especialista en salud recordó que, de manera histórica, 78 millones de personas se han infectado con el VIH y 35 millones han muerto por causa de enfermedades relacionadas con el sida desde que aparecieron los primeros casos.

Señaló como grandes pendientes, el hecho que para las niñas y chicas jóvenes del África subsahariana la transición a la edad adulta es un periodo especialmente peligroso. “Esa población femenina joven afronta muchas dificultades; en cuanto al VIH pesa sobre ellas una triple amenaza: un alto riesgo de infección por VIH, bajos índices de tests médicos sobre VIH y escaso seguimiento de tratamientos para el VIH”.

También consideró a las coinfecciones como un problema que se debe atender, sobretodo  los cuadros de tuberculosis, cáncer de cuello de útero y hepatitis B y C, los cuales  amenazan con hacer que no pueda alcanzarse el reto establecido para el año 2020 de menos de medio millón de muertes relacionadas con el sida.

Ejemplo de esto, señaló, es que la tuberculosis causó alrededor de un tercio de las muertes relacionadas con el sida en el año 2015 y las mujeres que sufren el VIH tiene un riesgo entre cuatro y cinco veces mayor de desarrollar cáncer de cuello de útero que la población femenina general.

“Sacar al sida del aislamiento sigue siendo un imperativo si el mundo quiere alcanzar el objetivo establecido para el año 20202, destacó.

Por otra parte, Sidibé resaltó que con el acceso al tratamiento, la vida de las personas que viven con el VIH se alarga por lo que invertir en tratamientos produce resultados.

Añadió que estos han prolongado la vida de las personas, lo cual, hace necesario tomar en cuenta que sufren un riesgo incrementado de desarrollar enfermedades no transmisibles asociadas a la edad, lo que afecta al avance del VIH. Ante el panorama, sugirió crear enfoques para todo el ciclo vital que ofrezca soluciones para todos, en todas las fases de la vida de las personas, ya que, los riesgos y desafíos relacionados con el VIH cambian durante el curso de la vida de las personas, lo que subraya la necesidad de adaptar la prevención del VIH y las estrategias terapéuticas desde el nacimiento hasta la tercera edad.

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