Dra. Sandra Peniche

Mérida, Yucatán a 13 de marzo de 2018

Viva aún, a pesar de los deseos de quién sabe quién o quiénes. Adolorida por las lesiones que un sujeto de poco más altura que yo, de complexión gruesa, que vestía con short de color rojo-naranja y una camiseta oscurita, no sé bien si gris, café o morada por lo rápido de lo sucedido y el sol, de pelo lacio corto parado, moreno, que blandía un desarmador o desatornillador con punta de estrella de mango negro, y que me lo clavó en el costado derecho mientras tenía mi brazo en alto, pues estaba señalando el tanque de agua de Servicios Humanitarios en Salud Sexual y Reproductiva a Don Max, a quien le estaba mostrando unos desperfectos. Curiosamente, no estaban convenientemente las rezanderas, pues cada vez que llego o salgo, soy objeto de su furor insano.

Para fortuna mía e infortunio de quien o quienes hayan ideado semejante aborrecible acto criminal, al sentir el impacto de que algo penetraba mi hoy venerada lonja, giré hacia mi costado derecho bajando el brazo, lo que evitó otra artera clavada. Don Max intentó agarrar al sujeto, pero éste corrió en zig-zag en sentido contrario a la circulación vehicular sobre la calle 54, para doblar en la 47 hacia la 52. Y Don Max, a quien le expreso mi agradecimiento, lo siguió hasta que logró pararlo en el momento en que la Policía Municipal de Mérida llegaba y lo detenía.

Entre tanto, a mí se me acercó un transeúnte, quien fue testigo de los hechos, y me ayudó a ver qué me había pasado y, al mismo tiempo, llamó a la Policía, quien después de preguntar interminablemente para nuestro apuro, tomé la llamada y de nuevo di los datos del sujeto, y ubicación. Hecho esto, entré a SHSSR y, en un espejo, comprobé que no parecía haber penetrado y solamente me dolía y presentaba huellas rojas de los puntazos. Como buena Yucateca, me puse saliva abundante, pues además de dolerme me ardía, le tomé una foto y salí por mi camioneta para poder localizar y ayudar a Don Max, pero no lo encontré, regresando enseguida a SHSSR.

Vi desde lejos que había patrullas con sus luces activadas. Ya junto a ellos me preguntaron quién era y que ahí estaba el detenido. En un carro patrulla abordamos Don Max, un compañero y yo, y ya en la Policía de Mérida, me atendió el médico y, luego, las declaraciones para después de un par de horas me dijeran que ya estaba listo todo para trasladar al detenido a la Fiscalía, como yo había pedido. Y así lo pedí, porque no se trataba de que lo castigaran deteniéndolo el tiempo legal y enviarlo luego al Hospital Psiquiátrico, porque si de ahí se escapaba, pues ya nada podrían hacer.

En la Fiscalía podía no proceder debido a que mis lesiones no tardarían ni quince días en desaparecer y en la Fiscalía solamente aceptaban las denuncias por lesiones que tardaran más de 2 semanas en sanar.

Insistí en que interpondría mi denuncia por hechos obvios, ya que el contexto en el que se da esta cobarde agresión tiene que ver con la campaña de odio que promueven las estructuras católicas, violando muchos derechos humanos. Me dijeron en la PMM (Policía Municipal de Mérida) que parecía que el sujeto estaba perturbado de sus facultades mentales. De mente criminal, en todo caso.

Acudí a la Fiscalía, a la Agencia Mixta de Guardia con Detenido e interpuse, al igual que Don Max, la denuncia correspondiente, porque los ataques peligrosos a mi vida constituyen un intento fallido de homicidio. Y le falló porque no concretó su misión, pero acertó al lesionarme.

La comunidad Yucateca, la comunidad Nacional e Internacional deben saber que Servicios Humanitarios en Salud Sexual y Reproductiva, A.C., seguirá siendo garante del ejercicio de los Derechos Humanos de las Mujeres. No ingresaré a las listas de feminicidio, y todos los organismos gubernamentales tienen la tarea de resguardar mi integridad, la del personal de SHSSR y la de usuarias y usuarios.

Martes 13, con las brujas no te metas.

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