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Letra S Salud Sexualidad Sida
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Si en la cama no domino, no funciono. ¿Cuántos hombres creen realmente eso? El sexo es uno de los terrenos donde un hombre se prueba como hombre. Muchos hombres piensan aún que las conquistas sexuales les dan prestigio. A mayor número, mayor cantidad de medallas de virilidad. Y no importa la orientación sexual, lo mismo puede valer para heterosexuales como para homosexuales. Como tampoco importa, para algunos de ellos, el sexo de las parejas conquistadas. Si son machines, el mérito es doble. Siempre y cuando se juegue el rol activo, no vaya uno a resultar "macho calado".

Desde la pubertad, los varones tienen que pasar por ese rito de iniciación sexual, "estrenarse". El primero que lo logre, se sentirá superior a sus compañeros, pues se ha probado como hombre. Por el contrario, permanecer "quintinto" es motivo de vergüenza y burla por parte de los amigos, las sospechas sobre su hombría lo presionarán a probar su virilidad en ese terreno. En el pasado, los mismos padres o parientes varones llevaban a sus hijos o ahijados adolescentes a "estrenarse" con sexoservidoras. No tanto para satisfacer una necesidad de los muchachos, que por lo regular iban aterrados, sino para asegurarse de que sus críos les habían salido machines y no maricones. Es decir, para reafirmar su propia hombría.

Cuiden el gallinero, que ya llegó su gavilán

Muchos hombres creen que su agresividad es parte de su naturaleza --'por algo soy hombre'--, y que al igual que los machos de otras especies animales, esos impulsos agresivos los llevan a rivalizar con otros hombres y a dominar a las mujeres. En el terreno sexual es lo mismo. Se piensa que los hombres son promiscuos por naturaleza; que su anatomía los conduce a una actividad hipersexual que a muchos de ellos les resulta difícil controlar. Un hombre no puede aguantar las ganas, y no es de hombres rehusarse a tener relaciones sexuales cuando se presenta la oportunidad. Como los guerreros, se debe estar preparado para desenvainar el arma cuando sea necesario. En el sexo, como en la guerra y los deportes, lo importante es ganar.

Por eso les preocupa tanto su rendimiento sexual, y de ahí que estén tan obsesionados por el tamaño de sus penes, por la capacidad de lograr y mantener una erección, y por el número de conquistas sexuales. Aquellos que no están "bien dotados" se sienten devaluados y buscan compensar esa "falta" con una mayor cantidad de parejas sexuales y frecuencia en sus relaciones coitales. Lo que importa aquí es la cantidad más que la calidad. De ahí que muchos jóvenes y aún adultos se ufanen frente a otros hombres de sus conquistas y proezas sexuales. Y es importante hacerlo frente a otros hombres, ya que son ellos, más que las mujeres, los que otorgan el certificado de virilidad, los que evalúan y aprueban el desempeño varonil. De esta manera, la identidad masculina está muy ligada a la sexualidad. El verdadero hombre se define, ante todo, por su desempeño sexual. (1)

Palo dado...
La obsesión por dominar en la cama, hace de muchos hombres pésimos amantes. El estar más preocupados por su rendimiento sexual, que por establecer una buena comunicación con su pareja, los conduce a un pobre desempeño erótico. (2) Están más concentrados en poseer que en satisfacer a su pareja, en demostrarse a sí mismos su potencia, su poderío sexual. La relación de los hombres con el sexo es a menudo más con ellos mismos que con sus parejas, quienes se convierten tan sólo en sus asistentes sexuales. (3) Y aunque así no lo vislumbren, asocian al sexo más con el poder que con el amor. (4) Por la importancia que le otorgan al pene (como símbolo de su poder masculino), para muchos hombres no hay sexo sin penetración. En el acto sexual "los hombres ven un pene delante de ellos, las mujeres ven al hombre detrás del pene". (5) Este papel central que otorgan a la penetración es uno de los factores que más contribuye a la disfunción eréctil; muchos hombres están tan obsesionados por "dar el ancho" en la cama que acaban impotentes o se vuelven irremediables eyaculadores precoces. (6)
Además, el concentrarse sólo en la penetración limita las posibilidades del juego erótico. No deja espacio a la exploración con otras partes del cuerpo ni a las fantasías. Muchos hombres se ponen furiosos y se desconectan cuando sus parejas sexuales les acarician las nalgas o los pezones, porque lo consideran muy femenino y por tanto un atentado a su virilidad.

El temor a perder el dominio en la cama hace que muchos hombres rechacen o teman a las mujeres que toman la iniciativa. Les asusta la posibilidad de que se cuestione su capacidad sexual, y por ello se cierran a todo diálogo o sugerencia de cambio de hábitos sexuales, como explorar otras poses y otras zonas del cuerpo.

De hombres es cambiar
Pero lo más preocupante de todo, y es adonde queríamos llegar, es que la obsesión de muchos hombres por probarse como hombres en el sexo, por dominar en la cama, los lleva a colocar la prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados en segundo plano. Si se presenta la oportunidad de una conquista sexual, lo primero es aprovecharla, no importa si se dispone o no de condones. Un joven que se niegue a tener relaciones sexuales con una mujer por no contar con condones, pasará frente a sus amigos como un cobarde o "poco hombre" antes que como un hombre responsable.

Para muchos hombres, y no pocas mujeres, la responsabilidad de un buen funcionamiento sexual recae en ellos. Eso puede provocar ansiedad en algunos hombres que dudan de su capacidad eréctil o se sienten inseguros, lo que los lleva a rechazar el uso del condón por temor a acentuar todavía más su inseguridad. Y de esa manera exponen a sus novias, esposas o parejas, y a ellos mismos, a la transmisión de infecciones, como la provocada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida.

Las creencias sobre la hombría, la masculinidad y la virilidad que forman aún a la mayoría de los varones no sólo provocan la falta de comunicación, la insatisfacción sexual y la infelicidad entre las parejas, sino que las llevan a realizar prácticas sexuales desprotegidas que podrían poner en riesgo su salud y hasta su vida misma.

Darse cuenta de que se trata sólo de creencias que forman un estereotipo de masculinidad inamovible, es un primer paso para resistirse a ellas y comenzar a cambiar por el bien de todos.

1 Marina Castañeda. El machismo invisible. Raya en el agua/Grijalbo, 2002. p. 219.
2 La duración promedio de la relación sexual en México es sólo de 9 minutos, la mitad de la media mundial, según una encuesta de Gallup y datos de la OMS citados por Marina Castañeda, p. 224.
3 Anthony Clare. Hombres. La masculinidad en crisis. Taurus, 2002, p. 176.
4 Marina Castañeda, op cit, p. 38.
5 Anthony Clare, op cit, p. 177.
6 México es un país de eyaculadores precoces. Se calcula que 53 por ciento de los hombres sufre de ese padecimiento o de disfunción eréctil (Citado por Marina Castañeda, p. 225).


(Alejandro Brito, tomado de Letra S número 74, septiembre de 2002)

 

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Las formas en que los hombres hemos construido nuestro poder social e individual son, paradójicamente, fuente de un enorme temor, aislamiento y dolor para nosotros mismos.




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