Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México a 27 de febrero de 2017

La crudeza de la realidad alcanza a Chiron desde temprana edad cuando debe enfrentar un entorno hostil en su natal Florida en el que predominan las drogas, las cuales han alcanzado a su madre, la marginación de la población afroamericana en los Estados Unidos, la violencia y la hostilidad hacia todo aquello que sale de la norma.

De esta manera, es víctima de acoso escolar por que no “es igual a los demás chicos”, sus compañeros y vecinos del barrio suelen ponerlo a prueba en cada momento. En medio de este periplo infantil, encuentra personas que lo acogen y aceptan como Juan y Teresa, quienes incluso le dan alojamiento una noche después de que es perseguido por varios de sus compañeros o Kevin, quien le tiende la mano de amistad.

Años más tarde, Chiron sigue viviendo con su madre, continúa en el mismo barrio, frecuenta a Teresa y es constantemente acosado y violentado por los mismos chicos de toda la vida. El motivo es el mismo, ponen en duda su masculinidad, desde un punto de vista en el que no hay posibilidad que esta sea diversa. Esto a pesar de que Chiron no da muestras claras y fehacientes de romper dicho esquema, aunque socialmente no tiene cabida.

Dichos cuestionamientos se traducen en violencia en su contra al grado que incluso su mejor amigo y único confidente, Kevin, también debe ejercerla para sobrevivir a la dureza del vecindario. Chiron ejerce una vuelta de tuerca cuando decide romper con dichos estigmas y poner un alto a la situación.

Años más tarde, una llamada telefónica cambia la vida conflictiva de Chiron, quien decidió seguir el camino de muchos de sus vecinos, la venta de drogas. El reencuentro con su pasado lo lleva a volverse a preguntar muchas cosas pero sobre todo a recordar quien es realmente.

Dirigida por Barry Jenkins, un joven cineasta afroamericano que retomó el trabajo de su colega Tarell McCraney, quien para obtener el grado en arte dramático en la Universidad de Yale escribió una obra de teatro sobre la vida en su barrio natal, Liberty City, cerca de Miami, decidió dar vida a dicha historia que por más de 10 años estuvo guardada. Además, coincidía en que ambos eran originarios del mismo lugar. En el caso de Jenkins, su madre era adicta al crack y él tenía la inquietud de tratar dicha temática en conjunto con otras historias como la de Chiron, más comunes de lo que se piensa.

Ayer por la noche, en un final de ceremonia de entrega de los premio Oscar, digno de película, después de haberse anunciado que La la land era la mejor película del año, se advirtió que hubo un error en la entrega del sobre con el título del mejor filme y que en realidad correspondía a Luz de luna dicho galardón, al cual se sumaba el de mejor guion adaptado y mejor actor secundario (Mahershala Ali), primer actor musulmán en lograrlo.

Así, Luz de luna se convirtió en una cinta que aborda las crudas realidades que enfrentan los integrantes del sector LGBTIQ, sobre todo aquellos pertenecientes a bloques históricamente excluidos, como  la comunidad afroamericana, la autoexploración de las personas mismas y dio lugar a que se visibilizarán fenómenos sociales como la homofobia, la discriminación racial, el bullying, la adicción a las drogas, la vulnerabilidad y la exclusión en un conjunto.

Pero, más aún, según el propio Jenkins, en un ejemplo para chicos de barrios como Liberty City en el que vean que otros caminos de vida son posibles.

One Comment

Angie Rueda Castillo

Paradójicamente de las cosas buenas que está trayendo consigo la locura de Trump, es provocar lo más liberal dle pueblo y el establishment norteamericano. Otorgar este reconocimiento a las realidades de la spoblaciones de la diversidad sexogenérica en estos momentos por un star system molesto por el acoso de su gobienro es muy significativo.

Compas y compes de Letra ese ustdes que han marchado a la vanguardia de nuestros derechos y luchas, los felicito porque en sus referencias al acrónimo eliminan las tres t’s que nos patologizan y acaban por confrontarnos a las personas trans e incluyen la Q, de Queer; en ese tono de apertura y reconocimiento los exhorto a que consideren la inclusión de la P, de pansexuales, y la A, de asexuales. Gracias y ¡seguimos!

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