Redacción

París, Francia a 25 de julio de 2017

En lugar de suministrar, por lo menos, 30 pastillas a lo largo de un mes para mantener al VIH bajo control y un óptimo estado de salud en la persona, en calidad de indetectable, un equipo de científicos de los Estados Unidos dio a conocer que era posible obtener los mismos resultados con sólo suministrar una inyección al mes.

Los resultados de dicho proyecto, titulado LATTE 2, fueron publicados el día de ayer en la edición en línea de la revista The Lancet  y dados a conocer en el marco de la Conferencia Internacional de Investigación sobre el VIH, que se celebra en París desde el pasado 23 de julio y termina el próximo 26. Estos destacan que 87 por ciento de las personas que recibió la solución inyectable cada cuatro semanas por dos años  mantuvo una carga viral indetectable al igual que 94 por ciento de quienes recibieron la misma solución cada ocho semanas durante el mismo período de tiempo.

Estas proporciones son comparables a las halladas en un grupo de 56 pacientes que continuó tomando una pastilla al día, pues 84 por ciento de ellos mantuvieron su carga viral indetectable.

La solución suministrada está compuesta por  dos moléculas en desarrollo: cabotegravir, del laboratorio ViiV Healthcare, una filial de GSK, Pfizer y Shionogi, y la segunda, rilpivirina, desarrollada por el laboratorio Janssen, del grupo Johnson and Johnson. La primera es un inhibidor de la integrasa, encargado de bloquear a dicha enzima para impedir la multiplicación del virus. La segunda, un inhibidor de la transcriptasa inversa no análogos de los nucleósidos, cuya función es adherirse a esa enzima para bloquearla.

Según Paul Stoffels, director científico de Johnson and Johnson, el tratamiento “podría ofrecer una alternativa eficaz y aceptable para las personas que alcanzaron una carga viral indetectable pero que tienen dificultades para seguir un tratamiento oral diario para controlar el VIH”.

“La observación del tratamiento sigue siendo un gran desafío” en la lucha contra el VIH, subrayó David Margolis, ya que un mal seguimiento puede provocar fracasos terapéuticos y favorece la aparición de resistencias a los medicamentos anti-VIH.

“Habrá que elegir entre el confort de no tener que seguir un tratamiento oral y los inconvenientes asociados a un tratamiento antirretroviral de acción prolongada por inyección”, en particular en los países donde no hay problemas de disponibilidad de pastillas antirretrovirales, subrayó Mark Boyd, de la universidad australiana de Adelaida en un comentario al estudio.

La mayoría de los pacientes del estudio sufrieron dolores en el lugar de la inyección y algunos tuvieron diarreas o dolores de cabeza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*