Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México a 8 de marzo de 2017

La desigualdad entre hombres  y mujeres  es uno de los grandes retos por sortear para lograr la disminución de casos de VIH en mujeres aunado a la erradicación de la violencia de género y otros factores generadores de vulnerabilidad social, señalaron expertas durante sus participaciones en el Foro Avances y Desafíos de la agenda política de mujeres y VIH, organizado por la Mes de Mujeres del Comité de Prevención del Consejo Nacional de Prevención y Control del Sida,  con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Durante su participación, Patricia Uribe, directora general del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el sida, comentó que se requieren estrategias específicas de prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual para mujeres que partan desde una visión holística que incluya elementos como la educación sexual integral, equidad de género, la erradicación de la violencia de género y la no discriminación por cuestiones de género.

Compartió algunas cifras como que 21 por ciento de la epidemia está concentrada en mujeres, mayoritariamente en Chiapas, Guerrero, Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Tlaxcala, en 95 por ciento de los casos adquirido por la vía sexual y en 40 por ciento de los registros se enteraron porque su esposo, pareja o hijo fueron diagnosticados.

Panorama social

Por su parte, Patricia Volkow Fernández, jefa del departamento de infectología del Instituto Nacional de Cancerología, explicó que un gran reto es lograr que las mujeres acudan a realizarse diagnósticos de VIH debido a que no le es tan fácil acudir a los servicios de salud, ya sea por tiempo o por el contexto en el que viven, en el cual, en muchas ocasiones, suele haber sumisión.

Por esa razón, planteó que el gran reto es contestar la pregunta ¿cómo incrementar la posibilidad de que una mujer se realice una prueba de VIH? y que estas no lleguen a los servicios médicos en etapas tardías o se les detecte cuando están embarazadas.

La también integrante del Consorcio de Investigación sobre VIH/sida y tuberculosis añadió que una de las mejores herramientas para prevenir las nuevas infecciones es la educación, pero no sólo esto sino mejorar sus condiciones de vida y la de las personas cercanas a ellas.

Añadió que es preocupante que la mayoría de las mujeres que toman medicamento antirretroviral y que un sector “olvidado” es el de las mujeres mayores de 50 años, las cuales aún tienen vida sexual y no hay líneas de acción destinadas a ellas.

Ana Amuchástegui, profesora-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Xochimilco, indicó que la prevención se dificulta porque existe la idea que con una pareja estable ya no es necesaria y se pierde la percepción del riesgo pues desconocen, en muchos casos, que su novio o esposo es un hombre que tiene sexo con otros hombres, sector donde se aglutina la epidemia.

Retos y desafíos

Ana Karen Quintana, activista trans de Tamaulipas e integrantes de la Mesa de Mujeres del Conasida, explicó que hay algunos avances en la materia como la atención integral de la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la elaboración de una guía específica de atención a las mujeres trans, que en estos momentos se está revisando, la actualización de las guías de manejo de antirretrovirales con perspectiva de género , la recomendación para brindar anticonceptivos a las mujeres con VIH y su inclusión en las líneas de acción de salud reproductiva.

Sin embargo, acotó que aún hay muchos pendientes como mejorar la perspectiva de género en los servicios de salud, fortalecer los vínculos entre el sector salud y el sector educativo,  garantizar el acceso a mujeres adolescentes al tratamiento salvaguardando su confidencialidad, hacer llegar más servicios a mujeres en condición de vulnerabilidad, no sólo vincular la violencia sexual con el VIH sino también otros tipos de violencia de género, incorporar a la diversidad existente de mujeres en la prevención y control del virus, contemplar a las mujeres con VIH en programas sociales y permitir a las mujeres migrantes embarazadas permanecer en el país por más tiempo a fin de que tengan la supervisión médica y acceso a medicamentos para evitar la transmisión del virus al recién nacido.

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