Leonardo Bastida Aguilar – enviado

Mérida, Yucatán a 13 de junio de 2018

Ante el planteamiento de que a lo largo de las etapas de la humanidad, a las mujeres se les ha asociado  con roles como haberse dedicado exclusivamente a recolectar frutos, mientras los hombres eran quienes realizaban las labores de cacería, o sólo tener una función reproductiva en las distintas sociedades del pasado ha sido cuestionado desde hace varios años por  especialistas de diferentes disciplinas, entre ellas, la arqueología.

En el marco de la XVII Semana Cultural de la Diversidad Sexual del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Héctor Hernández Álvarez de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán mencionó que, desde hace varios años, bajo el término de arqueología de género, han surgido cuestionamientos a las maneras en cómo se ha explicado, históricamente el papel social de las mujeres, el cual, aseguró el investigador, ha tenido una visión androcéntrica.

Añadió que esta serie de reflexiones van desde la comprensión del papel de las mujeres en las sociedades prehistóricas hasta en otros períodos donde es posible hallar evidencia material, sustento de la arqueología, como en las sociedades mesoamericanas.

Para el también docente, este tipo de enfoque en la investigación arqueológica parte del principio de no dar por sentado que la dualidad de género, como la conocemos hoy en día, existió en el pasado, y por tanto, dichas sociedades funcionaban de manera similar a la nuestra.

Al respecto, Laura Bejarano Espinosa, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que esta perspectiva crítica ayuda a contrarrestar esa concepción pasiva prevaleciente alrededor de las mujeres, sumada a la conceptualizarlas a través del tiempo como consumidoras, “negándoles premeditadamente un rol en la producción, no solo de objetos y bienes, sino también de conocimiento y cultura”.

Sobre los temas que se investigan a partir de esta visión, Hernández Álvarez compartió que, en el caso de los estudios sobre la cultura maya, se han enfocado a la comprensión del cuerpo y como se establecían las relaciones con los individuos del otro género; el  manejo y control de la fertilidad, lo relacionado con la procreación y la sexualidad, el nacimiento, la preñez, el embarazo y la mitología que hay detrás de ellos;  la homosexualidad y la transexualidad, si existían o no estas prácticas, y la existencia de otros géneros; las representaciones eróticas y sexuales, o las casas de varones, entre otros temas.

Por su parte, José Gamboa Cetina del Centro INAH Yucatán, señaló que no existen  leyes universales que rijan la sexualidad humana y cada sociedad tiene sus propias reglas, y en el caso de las sociedades mesoamericanas, hay pocas fuentes disponibles para el estudio de la construcción cultural del género a su interior, pues muchas de las fueron elaboradas desde una perspectiva judeo cristiana.

Fidencio Briseño del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas resaltó la importancia de utilizar un “ojo crítico”, con perspectiva de género, en los análisis de las fuentes denominadas primarias.