Leonardo Bastida Aguilar

Con una cifra de alrededor de 1.8 millones de personas que viven con VIH en América Latina y una prevalencia de 0.5 por ciento, este aún representa un reto para los países de la región debido a que también engloba desigualdades históricas que se reflejan y pesan sobre los sectores de la población más afectados por la pandemia, aseguró Brenda Crabtree, presidenta local de la 10 Conferencia Mundial Científica sobre VIH, que se celebra en la Ciudad de México del 21 al 24 de julio.

En el marco de la inauguración de la Conferencia que congrega a más de cinco mil personas de todo el mundo, la también infectóloga mencionó que el contexto latinoamericano, en el que prevalece la desigualdad, es complicado incrementar el acceso a las terapias antirretrovirales por lo que consideró que los esfuerzos para controlar la epidemia dependen, en gran parte, de la reducción de las brechas de desigualdad.

Agregó que la inestabilidad política de algunos países de la región ha generado éxodos e impacto en los sistemas de salud de otras naciones. Como ejemplo mencionó la situación de Venezuela, donde más de 120 mil personas que viven con VIH, sólo la mitad tiene acceso a tratamiento antirretroviral, y únicamente, siete por ciento, ha logrado suprimir su carga viral.

Además, comentó la especialista, la migración de Venezuela y Haití ha propiciado que en países como Chile, donde se asientan personas que han salido de ambas naciones, se incrementen los nuevos diagnósticos de VIH y más de las mitas de estos casos, sean detectados en población migrante.

Aunado al estigma y la discriminación prevaleciente en la región que se ha traducido en que países como México y Brasil son las naciones con mayores índices de transfeminicidios en el mundo y hay altos índices de crímenes y actos de violencia motivados por la homofobia, lesbofobia, transfobia y bifobia.

Por su parte, Anton Pozniak, presidente de la Sociedad Internacional de Sida, organizadora de la Conferencia, indicó que es necesario poner a la ciencia en práctica a fin de evitar que alguien se quede atrás en la respuesta al VIH.

Durante su discurso inaugural, añadió que las crisis humanitarias han generado un desafío para el progreso global de la respuesta a la pandemia debido a que la gente que vive esta situación es más vulnerable a una nueva infección.

Asimismo, hizo un llamado para dejar en claro que el derecho a la protección de la salud no es negociable and no debe de comprometerse con otras prioridades al momento de la asignación de fondos.

Y, puntualizó que los liderazgos requeridos para hacer frente a la pandemia deben estar apegados a la ciencia y comprender a los grupos más afectados por el VIH, en contra respuesta a la oleada de conservadurismo que ha utilizado al racismo, la xenofobia, la homofobia, el estigma y la discriminación como herramientas.

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