Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México

Tras casi 15 años de trabajo, Armando Ocampo Zambrano, abogado especialista en derecho fiscal, parecía llegar a un punto cumbre en su trayectoria profesional. Desde muy joven, a los 20 años, cuando cursaba el tercer semestre de la licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, logró ingresar a Chevez Ruiz Zamarripa, una firma de abogados que se anuncia como líder en asesoría y  consultoría fiscal y que cuenta con más de 30 años de experiencia en la materia.

Para él, fue una gran oportunidad que pensó en no desaprovechar e inició la larga carrera escalafonaria que le permitiría ser socio capitalista de la firma en un periodo aproximado de tres lustros. Su primer puesto fue de ayudante sin experiencia y al paso de los años alcanzó la categoría senior gracias a su excelente desempeño, como lo aseguraban sus evaluaciones anuales.

Esto le permitió, para 2009, pasar a ser asociado, pero sin capital, es decir, él aportaba su trabajo a la firma mas no dinero, era ejecutor del trabajo pero también veía clientes, tribunales  y magistrados y contaba con su propio equipo de trabajo. Dentro de la escala de ascensos, ésta era la antesala para ser socio capitalista y ser parte del consejo consultivo de Chevez Ruiz Zamarripa, un privilegio para pocos que se alcanzaba tras seis años de ser asociado sin capital.

Asumió el reto y logró evaluaciones de excelencia entre 2009 y 2015. Parecía concretar su plan de vida, el cual conjuntaba con la impartición de clases de leyes en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey plantel Santa Fe.

Temas personales

En 2014 conoció a su actual esposo, Sergio, con quien aparecía en fotos en sus redes sociales, compartiendo lo bien que se sentía con él. Como parte de sus planes, decidió contraer matrimonio con él en abril de 2016. Meses antes, en octubre de 2015, tomó un periodo vacacional con Sergio, un descanso necesario después de meses de preparativos para su boda.

Conocedor de que era su año de promoción, en noviembre fue citado por Manuel Gerardo Sáinz Orantes para hablar del tema. En la reunión privada entre ambos le comunicó que no fue aceptada su candidatura al consejo. Le explicó que no tenía que ver con su capacidad de abogado ni con su desempeño sino que era un tema de visión corporativa por sus “temas personales”.

Ocampo espetó que la decisión no era justa pero la respuesta que obtuvo por parte de Sáinz fue que podía irse “por las buenas o por las malas”, ya que, además de no promoverlo, le pedían que renunciara de manera voluntaria a la firma, a cambio de recibir su pago mensual y su bono por resultados. En caso contrario, le advirtió que se “iba sin nada” y “boletinado para no poder trabajar en otros despachos”.

Con el apuro de casarse en abril de 2016 y otros pendientes económicos decidió aceptar bajo la amenaza del despacho, pensando en que no lo iban a bloquear para trabajar en otros despachos o por cuenta propia.

En realidad, no se cumplió la promesa. Ocampo se enteró por sus antiguos clientes que el despacho les enseñaba sus fotografías con su pareja a fin de desacreditarlo.

Situación legal

La serie de atropellos cometidos en su contra provocaron que decidiera, en compañía de la organización civil Jusdena, interponer dos demandas civiles, una por los atropellos laborales cometidos en su contra, entre ellos, haberlo obligado a renunciar además de que no firmó actas notariales, como argumenta Chevez, sino que hubo un abuso de confianza, y otra por el daño moral causado, motivado por la discriminación, la violencia y la intimidación. Además, interpuso una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

En entrevista, el también maestro en derecho fiscal asegura que nunca ocultó o nunca le preguntaron cosas de su vida privada. Sin embargo, le quedó claro que en un despacho donde hay 45 hombres en el consejo consultivo, sólo se le dio la oportunidad a una mujer en más de 30 años y fue despedida por quedar embarazada, la homofobia fue la que impidió llegar al consejo consultivo. “Cómo iban a tener a un homosexual sentado en el consejo directivo”, recalca.

La queja ante Conapred ingresó el 2 de junio de 2016, la respuesta del despacho fue que no hay discriminación sino que Ocampo renunció de manera voluntaria, además de que no se le trató mal ni hubo homofobia porque en sus evaluaciones siempre salió muy bien calificado, aunado a que él ya no era empleado sino asociado.

Por el momento, está por determinarse si se sujeta al despacho a una investigación ante un acto de discriminación a su interior por homofobia y misoginia.

En el caso de los juicios civiles, se celebró una primera audiencia en el caso del daño moral. La firma negó todo y Ocampo se enteró de que el despacho amenazó a sus dos testigos con bloquearlos en el mercado laboral si lo apoyaban.

La otra demanda, por cuestiones laborales, tendrá su primera audiencia el próximo 23 de enero.

En espera de esa fecha, el abogado considera que lo más importante es la sanción por lo hecho contra su dignidad humana. Su mayor demanda es que haya una disculpa pública, la cual debe darse a conocer en dos periódicos de circulación nacional.

“Tomar en cuenta una situación personal ya implica un acto de discriminación”, asegura el jurista, quien se pegunta qué debió haber hecho, “negar mi identidad y mentir y casarme, cumpliendo un parámetro tradicional para que me hubieran aceptado” o  aceptarse como es. Optó por la segunda.

En busca de una explicación, afirma que su orientación sexual no había representado un problema porque sólo era un número más. A la espera de las audiencias con respecto a sus demandas y los resultados de investigación de Conapred, ha recibido mensajes de que con sus acciones “está cometiendo suicidio laboral”. Su única preocupación es que nadie más sea menoscabado por su identidad.

One Comment

Angie Rueda Castillo

Son inaceptables estos actos de homofobia y misoginia de parte de la empresa privada señalada, que dañan la dignidad de la persona y constituyen sin duda actos de discriminación.

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