Redacción

Ciudad de México a 7 de abril de 2017

El tema central del Día Mundial de la Salud, que se celebra este viernes, es la depresión, un padecimiento que afecta la salud mental de 350 millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que también puede generar pérdidas económicas hasta por 246 mil millones de dólares al año, estimaron investigadores británicos.

En un estudio publicado a finales del año pasado por el equipo de investigadores liderado por Sara Evans-Lacko, del Departamento de Salud e Investigación Poblacional del King´s College de Londres se mostró que los empleados con mayor nivel educativo, en particular, tienen un impacto más negativo si permanecen en el trabajo mientras están deprimidos. Esto es debido a que son más propensos a dirigir a otros empleados y los efectos de la reacción en cadena se sienten en los subalternos.

Aplicado en ocho países: Brasil, Canadá, China, Japón, Corea, México, Sudáfrica y Estados Unidos, con más de ocho mil encuestas, reveló que, en promedio, 1.2 por ciento del Producto Interno Bruto  se pierde debido a los trabajadores con depresión que asisten al trabajo mientras presentan la afección, produciéndose el presentismo, fenómeno caracterizado por pasar un mayor tiempo al interior de las instalaciones laborales sin ser realmente productivos, generando gastos para las fuentes de empleo.

Reflejo de esto, advierte la investigación, es que los costos de los empleados que asisten al trabajo mientras sufren de depresión son, entre cinco y 10 veces, más altos que los que toman tiempo libre para recuperarse de la depresión.

De acuerdo con Evans-Lacko, los enormes costos de la depresión debido a la ausencia y a la pérdida de productividad van a aumentar a menos que los gobiernos y los empleadores la hagan una prioridad.

Panorama

En México, la depresión el primer lugar de discapacidad en las actividades de la vida diaria en las mujeres, y el segundo lugar en los varones, debido al fuerte impacto en la productividad, la funcionalidad y en las habilidades de pensamiento de las personas que la padecen, señala María Elena Medina-Mora, directora general del Instituto Nacional de Psiquiatría “Dr. Ramón de la Fuente Muñiz” en su libro La Depresión y Otros Trastornos Psiquiátricos.

Para la también docente, la depresión es un trastorno del estado de ánimo en el que existen dificultades para su diagnóstico oportuno, lo que a su vez conduce a una falta de tratamiento temprano por lo que se genera una afectación en la calidad de vida y tiene un impacto negativo aditivo en las personas que sufren además de enfermedades crónicas como diabetes, cáncer o problemas cardiacos.

Autora de diversos artículos académicos, explica en sus textos que la falta de tratamiento adecuado para la depresión se relaciona con el hecho de que existen pocos especialistas capacitados para dar un diagnóstico certero aunado a otros factores como los estigmas que se le asocian, ideas erróneas que la catalogan como simple debilidad de carácter o falta de motivación en las personas que la padecen.

Datos proporcionados por la propia autora muestran que sólo 17.7 por ciento de las personas con depresión recibe una atención médica adecuada, y el tiempo que transcurre desde que se presentan los primeros síntomas hasta recibir un diagnóstico y tratamiento suele ser largo, hasta 15 años en promedio para los trastornos del estado de ánimo.

Emergencia global

De 2005 a 2015 se han incrementado en 18 por ciento el número de personas que viven con depresión, advirtió la OMS, que señaló, a propósito del Día Mundial de la Salud, 7 de abril, que es la principal causa de problemas de salud y discapacidad en todo el mundo. Para el caso de América Latina, se estima que alrededor de 50 millones, casi cinco por ciento de la población total, vive con depresión, y de estas, siete de cada 10 no reciben tratamiento médico.

Bajo el lema “Depresión: hablemos”, el organismo internacional resaltó que existe una falta de apoyo a las personas con trastornos mentales, junto con el miedo al estigma, impiden que muchos accedan al tratamiento que necesitan para vivir vidas saludables y productivas.

Otros datos recabados por la agencia internacional mostraron que en los países de ingresos altos, casi  50 por ciento de las personas con depresión no reciben tratamiento. En promedio, sólo tres por ciento de los presupuestos de salud de los países se invierte en salud mental, variando de menos del uno por ciento en los países de bajos ingresos a cinco por ciento en los países de altos ingresos.

Sin embargo, no se toma en cuenta que la situación afecta en los hogares porque hay afectación económica cuando un integrante no puede laborar; los empleadores porque los empleados se vuelven menos productivos y son incapaces de trabajar, y los gobiernos tienen que pagar mayores gastos de salud y bienestar.

Además que se han identificado fuertes vínculos entre la depresión y otros trastornos y enfermedades no transmisibles como la diabetes y del corazón, además del uso de sustancias y la posibilidad de un suicidio.

Por esas razones, la OMS, a través de sus delegaciones continentales, emitió un exhorto a invertir en salud mental, ya que cada dólar invertido en la ampliación del tratamiento para la depresión y la ansiedad conduce a un retorno de cuatro dólares en mejor salud y habilidad para trabajar.

 

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