Miguel Torres

México DF

 

“¡Beso, beso, beso!”, gritaron al unísono una docena de asistentes en frente de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México alrededor de las 12:00 horas.

 

Al compás de los gritos, parejas de mujeres lesbianas y hombres homosexuales se animaron a besarse afuera del recinto que mejor simboliza la institución que más opresión ejerce sobre ellos: la Iglesia católica.

 

Ante un beso acalorado entre dos hombres, una mujer que estaba de paso dibujó una mueca de asco en su rostro y con su mano le tapó los ojos a su hijo, como queriendo evitarle pasar por algún malestar.

 

Otras personas, aunque no se identificaban con alguna preferencia homosexual, mostraron su apoyo a la comunidad LGBTTTI con un beso que los unía a su causa.

 

Todo esto como parte del “Besotón por la Igualdad”, un evento que se celebró en las principales plazas públicas del país.

 

“Basta de odio disfrazado de moral religiosa, basta de prejuicios basados en códigos sociales anticuados. Somos diferentes en preferencias sexuales pero somos iguales en condición humana. Para combatir el odio, ¡démonos un beso!”, era el lema del evento.

El Besotón se celebró en Tijuana, Hermosillo, Chihuahua, Monterrey, Durango, San Luis Potosí, Guadalajara, León, Morelia, Tlalnepantla, Ciudad de México, Acapulco, Puebla, Tulancingo, Xalapa, Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez, Pachuca y Mérida.

 

“Besotón por la Igualdad” fue una respuesta a la movilización masiva que organizaron más de 200 asociaciones y grupos conservadores del país y que se llevó a cabo el 25 de julio en 29 ciudades de la República.

 

El objetivo de este conjunto de marchas era el de protestar en contra de la decisión que tomó la Suprema Corte de Justicia de la Nación en junio.

 

El organismo amparó las uniones igualitarias al declarar que el matrimonio, entendido solamente como la unión entre un hombre y una mujer con el fin de procrear, era inconstitucional.

 

“Estamos aquí porque ellos están promoviendo una campaña de odio a partir de la determinación de la Suprema Corte de Justicia en cuanto al matrimonio igualitario y la adopción. Ese debate nosotros ya lo ganamos, lo único que queremos y que pedimos es que la Iglesia católica y las iglesias que se están sumando a su llamado dejen de manifestarse en ese sentido”, dijo Mario Roberto Arteaga, organizador.

 

Manuel Amador, otro organizador, opinó que el respeto al Estado laico era fundamental, ya que éste permite que la Iglesia no pueda intervenir en asuntos que sólo le corresponden al Estado.

 

Además, manifestó su molestia al conjunto de movilizaciones que los grupos conservadores realizan para vulnerar sus derechos.

 

“No se puede fomentar la libre expresión con odio e intolerancia, ya que esto a su vez genera crímenes de odio como los que están pasando en la actualidad”, señaló el docente.

 

Las dos Iglesias

 

Un estandarte de la Virgen de Guadalupe se alzaba sobre un grupo de católicos que realizaba una visita guiada alrededor de la Catedral. Al ver que una multitud protestaba afuera de las rejas, el colectivo detuvo su andar, quizá porque estaba motivado por la curiosidad; pero cuando las pancartas y las banderas de arcoíris fueron más visibles, el grupo agilizó el paso con horror, como si una verdad incómoda hubiera salido a la luz.

 

Algunos católicos bajaron la mirada al pasar frente a las parejas que se estaban besando, otros negaban con la cabeza de manera frenética, incluso hubo alguien que se persignó.

 

“Les pedimos que respeten, que no se pasen, a nosotros no nos ven en los antros dando misa”, dijo Guillermina, quien se encontraba entre los que hacían la visita guiada.

 

En contraste, los integrantes de la Iglesia Puertas Abiertas mostraron su indignación hacia el discurso de odio que la Iglesia católica promueve en contra de la comunidad LGBTTTI, el cual contribuye a que los jóvenes que recién descubren su preferencia sexual se sientan confundidos y presionados.

 

“Ser homosexual es un don de Dios”, dijo uno de los miembros de la Iglesia Puertas Abiertas, la cual está conformada por cristianos de la comunidad LGBTTTI.

 

“Si creemos en un Dios, es en uno justo, no en uno que promueve el odio”, agregó.

 

No obstante, al escuchar estas declaraciones, una mujer que venía a la Catedral en compañía de su hija exclamó: “No es un don de Dios, la Biblia dice que los afeminados y los maricones van a ir al infierno”.

 

Algunos activistas y asistentes respondieron a la provocación: algunos con insultos; otros, más calmados, con argumentos. Sin embargo, los miembros de la Iglesia Puertas Abiertas no dejaron que este incidente perturbara sus actividades y continuaron repartiendo condones afuera de la Catedral. También atendieron a los curiosos que se les acercaron con sus dudas, comentarios, felicitaciones, angustias, quejas y hasta insultos.

 

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