Redacción

Ámsterdam, Países Bajos a 23 de julio de 2018

En el marco de la 22 Conferencia Internacional sobre Sida, que se celebra en Ámsterdam, Holanda, del 23 al 27 de julio, la Sociedad Internacional de Sida y la revista médica The Lancet anunciaron la conformación de una Comisión Internacional de Expertos y Tomadores de Decisiones para evaluar el futuro de la respuesta al VIH en el contexto de un enfoque de salud más integral con miras al alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible  para 2030, que en materia de VIH, establecen como prioridad poner fin a la epidemia.

A través de un artículo, denominado Promover la salud mundial y fortalecer la respuesta al VIH en la era de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, las y los especialistas que conforman la Comisión, señalaron que desde que la epidemia alcanzó su pico, se ha detectado un progreso reducido en la reducción de nuevas infecciones durante los últimos 10 años. Por lo que consideran urgente incrementar las acciones de prevención para evitar que ante la mayor generación de adolescentes y jóvenes que están pasando a una edad adulta haya un resurgimiento de la pandemia. Además de que la tendencia actual de respuesta a la situación no es suficiente para poder alcanzar el fin de la misma.

Esto, advierten el cuerpo de especialistas, sería catastrófico, sobre todo en las comunidades más afectadas históricamente por la presencia del virus, pero también para  el campo de la salud global. Esto último, debido a que si el mundo no ha podido ofrecer una respuesta efectiva a una condición de salud para la cual ha existido una movilización global de carácter extraordinario, el panorama para alcanzar el Objetivo 3, referente a la salud, podría no ser tan claro.

Algunos de los primeros hallazgos compartidos por la comisión indican el cambio en la respuesta generado por el uso de las terapias antirretrovirales, reflejado en la reducción del número de fallecimientos, el mejoramiento de la calidad de vida de quienes viven con el virus y la reducción de nuevas infecciones, sin embargo, los medicamentos, por si solos, no permitirán acabar con la epidemia.

También urgieron a rejuvenecer el esfuerzo global en la materia, con el objetivo de renovar y fortalecer la respuesta y lograr que ese compromiso mundial existente en cuanto a incrementar el acceso al tratamiento y servicios de salud se fusione con la necesidad de expandir el acceso a servicios de prevención.

Consideraron que los objetivos 90-90-90, propuestos por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y Sida (Onusida), consistentes en que 90 por ciento de   las personas que viven con el VIH conozcan su estado serológico respecto al VIH; 90 por ciento de las personas diagnosticadas con el VIH reciban terapia antirretroviral y 90 por ciento de las personas que reciben terapia antirretroviral tengan supresión viral, para 2020, deben ir acompañados de una robusta estrategia de prevención primaria, el desarrollo de una vacuna preventiva y una cura funcional.

Salud global

Para el grupo de autores, es irónico que haya una disminución de energía en la respuesta al VIH, justo en el momento en que se ha visto que las lecciones aprendidas a lo largo de este tiempo pueden ayudar como parámetros en la búsqueda de una salud sostenible para todas las personas.

A su vez, coincidieron en que la respuesta al VIH debe hacer sinergia con la agenda de salud global para construir una nueva era de solidaridad mundial para la salud, algo urgente en la respuesta a las enfermedades no transmisibles, que requiere, entre otras cosas, de tomar en cuenta la salud en el desarrollo de políticas públicas de todo tipo.

De esta manera, advirtieron que los servicios de atención al VIH, en donde sea posible, se integren a una gama más amplia de servicios de salud, u ofrecerles en espacios donde la atención sea más integral. Esta combinación, propusieron, debe basarse en las estrategias de respuesta al VIH, en la que se incluyó la participación comunitaria y el envolvimiento de la sociedad civil y un compromiso férreo en materia de derechos humanos, equidad de género y acceso equitativo a la salud y a la justicia social.

Por tanto, la nueva era de solidaridad en salud global debe enfocarse en el desarrollo de sistemas de salud flexibles y robustos, centrados en la persona, con la finalidad de terminar con las enfermedades transmisibles y desarrollar medidas efectivas para direccionar el aumento constante de enfermedades no transmisibles. Sumado a lograr una cobertura de salud universal, la provisión de servicios coordinados y adaptados a las necesidades del público usuario y un adecuado enfoque que tome en cuenta los determinantes sociales y estructurales de la salud.

Panorama

En su más reciente informe, Onusida refirió que las nuevas infecciones van en aumento en unos 50 países y, a escala mundial, solo han disminuido un 18 por ciento durante los últimos siete años, de 2.2 millones en 2010 a 1.8 millones en 2017. Aunque esta cifra representa casi la mitad del nivel máximo de nuevas infecciones registrado en 1996 (3.4 millones), la reducción no es lo suficientemente rápida para alcanzar el objetivo de menos de 500 mil de aquí a 2020, advirtió el organismo internacional.

Otras de las cifras compartidas indican que el número de muertes relacionadas con el sida es el más bajo que se ha registrado este siglo (940 mil), tras haberse situado por debajo de un millón por primera vez en 2016. Sin embargo, el actual ritmo de descenso no es lo suficientemente rápido para alcanzar el objetivo fijado para 2020 de menos de 500 mil muertes relacionadas con el sida.

A su vez, el informe pone de relieve que no se está prestando suficiente atención a las poblaciones clave en los programas de VIH, pues integrantes de poblaciones clave y sus parejas sexuales representan 47 por ciento de las nuevas infecciones por el VIH en todo el mundo

El aspecto social es otro pendiente, indicó la agencia internacional, al compartir que en 19 países donde se aplicó una encuesta, una de cada cinco personas que viven con el VIH afirmó que se le había denegado la asistencia sanitaria y una de cada cinco evitó visitar un centro sanitario por miedo al estigma o la discriminación relacionados con su estado serológico.

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