Por Joaquín Hurtado

Para Michelle, por su tierno feminismo

Domingo 24, llegamos a la Macroplaza para participar en la marcha contra las violencias machistas. Al salir del hueco de la escalinata, procedentes del estacionamiento subterráneo, nos recibió un sol con su luz bien perra, tan caliente…

¡Ops! Perdón, rayito de sol, ya te lastimé con mis albures impertinentes. Bueno, voy de nuez:

Al salir de aquella escalinata nos recibió la candorosa sonrisa solar…

Correcto. Así sí procede. La poderosa radiación de nuestra estrella más próxima en la vecindad galáctica no tiene por qué padecer mi defectuosa verba recargada con giros tóxicos, sexosos, mamones. Mucho menos la debe sufrir ninguna, nin-gu-na, mujer. No me cuesta nada poner a funcionar un artefacto lingüístico autorregulador que me ayude a vigilar lo que profiere mi lengua profana, contagiada desde la infancia con basura machista.

Un pequeño grupo de mujeres ya se atarea en torno a la fuente de la Vida. El conjunto escultórico es un emblema de Monterrey. Mejor conocida como fuente de Neptuno por un adefesio nalgón que sobresale entre los monos bañistas. Herencia del gobernador Alfonso (don Halconso) Martínez Domínguez, a quien se le ocurrió tumbar medio casco urbano para jugar al reyezuelo que embellecía -es un decir- las plazas y avenidas mientras envilecía al pueblo.

Cosas del pasado autoritario… aunque no tanto porque hoy despacha en palacio un ahijadito político de aquel monstruo del sistema partidista.

Este presente ciudadano, en cambio, despliega un domingo primaveral con mucho calor y emociones encontradas. ¿Vendrá la gente? ¿El caso de la jovencita Alexis y tantas otras chicas muertas por la violencia sexista hará que las regias reaccionen y tomen la calle?

Por ahí andan las organizaciones feministas que convocaron a la manifestación. Con altavoz explican la ruta, ensayan estribillos, alborotan a los curiosos. Están aquí para denunciar la violencia misógina que ya les colmó el plato. Varios hombres venimos en apoyo a una agenda feminista que nos parece urgente, legítima. Se nos pide ir al final del contingente. Aceptado.

En lo que inicia la manifestación nos echamos sobre el pasto fresquito a chismear, bajo la sombra oblicua de los fresnos. Veo a tantas caras amigas, tan queridas y valientes todas ellas. La manifestación de este domingo se replica en las principales ciudades del país. Los selfis no descansan de retratar a las heroínas de este plantón. Pasadas las 5 pm nos aventamos a la calle. Las mujeres en la vanguardia, los hombres hasta atrás. Las chicas transexuales enarbolan orgullosas la bandera del arcoíris. Niñas de carriola exhiben en sus mejillas el lema: ¡Vivas nos queremos!

Muchas consignas se van desgranando a lo largo del trayecto. “Mi cuerpo es mío y de nadie más. ¿Dónde están nuestras desparecidas? Soy guapa, soy lista, soy feminista. No es piropo, es acoso.”

Las pancartas exhiben el hartazgo de las niñas, jóvenes y adultas ante el infame deporte macho de lastimar la integridad femenina con palabras, acciones, omisiones, humillaciones, violaciones, crímenes atroces. El diario Milenio reporta 42 feminicidios en el actual sexenio, 24 en lo que va de este año. Muchos de ellos calificados con la simple etiqueta de crímenes pasionales, artimaña que pretende desactivar la responsabilidad de perseguir y castigar ejemplarmente a los matones.

Las más de mil participantes exigen acciones gubernamentales inmediatas, cambios prontos en las políticas públicas. Gritan fuerte ¡ya basta! ante la desidia del poder ejecutivo, legislativo, judicial y de los medios de comunicación. Visibilizan con su coraje que su cuerpo y espíritu no son objeto o moneda de cambio para la diversión del hombre ni de ningún discurso político, mercantil o religioso que las vigila, oprime, borra, castiga, asesina desde muy pequeñas. Ellas toman nota y denuncian la violencia estructural que se presenta en la familia, la calle, el trabajo, la escuela, el noviazgo, la sexualidad, las manifestaciones culturales y artísticas, la arena política.

Qué orgulloso, qué honrado, qué inspirado me siento al marchar codo a codo con estas recias mujeres, de escuchar el bullicio, el apuro, la silbatina. Cómo no está aquí doña Benancia que me contó cómo su marido la ataba de los tobillos y la colgaba de cabeza en un pozo para escarmentarla por olvidar almidonarle la camisa. O mi amiga N. cuya pareja no la baja de puta, cerda, mierda. O mi tía M. que fue abandonada con su numerosa prole a merced del huracán Gilberto por la cobardía alcohólica del tío F. O mi exjefe que trataba de seducir a todas las subalternas, porque para eso era “el jefe”. O…

La cantidad y calidad de las y los participantes en esta marcha es un mensaje claro de que el orden de cosas no puede seguir por vía de la complicidad, impunidad y brutalidad machista. Las mujeres salen a la calle y dan muestra de un discurso inteligente, maduro, incluyente, igualitario y pacífico. Ellas se declaran en alerta máxima ante la rampante violencia de género. ¿Y las y los diputados, qué responden al mujerío? ¿Y las policías cuándo? ¿Y el Bronco tequilero, a qué horas?

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