Leonardo Bastida Aguilar

Ciudad de México a 10 de febrero de 2017

Más de cuatro mil setecientos días  han pasado desde que María Antonia Márquez Hernández escuchó en boca de sus nietos, los hijos de Nadia Alejandra Muciño Márquez, de 24 años de edad, que su papá Bernardo López Gutiérrez, y el hermano de éste, Isidro, habían golpeado y agredido a su mamá al interior de su casa hasta dejarla muerta con un lazo en el cuello e hincada, pretendiendo simular que se había colgado de una viga en el baño.

A pesar de los hechos, las investigaciones arrojaron que Nadia se había suicidado por padecer violencia intrafamiliar y depresión aquella tarde del 12 de febrero de 2004, en su domicilio, ubicado en Cuautitlán Izcalli, en frente de sus hijos, quienes esa tarde noche acudieron con una vecina para pedirle un cerillo para poder prender una vela. Extrañada, ésta les preguntó por su mamá, la respuesta que le dieron fue que estaba muerta en el baño de su casa.

Las conclusiones no dejaron contentas ni a Antonia ni a su hija Viviana, quienes observaron irregularidades como que en los procesos de investigación los peritos olvidaron llevarse la soga con la que fue cometido el crimen y que la camisa sangrada del cónyuge de Nadia en la que quedó plasmada la mano de la víctima fue desaparecida.

Además, la agencia del ministerio público local, no le realizó la prueba del raspado de uñas al cadáver de Nadia, y de acuerdo con María Antonia, en la averiguación previa se determinó que su hija tenía sólo tres horas de muerta.

Tampoco recabaron pruebas ni existe constancia de que se hubiera llevado a cabo el aseguramiento del lugar ni de los objetos. No tomaron fotografías del lugar, salvo del cuerpo de Nadia y sólo describieron la escena y levantaron el cadáver.

El sentido común tampoco estuvo presente durante la indagatoria.  María Antonia recuerda que esa tarde la recámara de Nadia estaba desordenada, nuestra evidente de  que había ocurrido una pelea, pero cuando llegó el ministerio público sólo escribió una nota al respecto y no tomó fotografías. También indicaron que las huellas de violencia en sus dedos y boca fueron ocasionadas en días anteriores.

Los peritos “olvidaron” sellar el lugar de los hechos, lo que le permitió a la familia de los homicidas quemar “toda la evidencia” e incluso cambiar la tapa de una cisterna, donde Bernardo y su hermano introdujeron a Nadia  tras haberla  golpeado, según el relato de sus hijos, quienes afirmaron que su padre y su tío habían estado ingiriendo bebidas alcohólicas.

Los hechos de aquella tarde fueron la reacción ante la decisión de Nadia de dejar de manera permanente a Bernardo, quien la violentaba desde que se habían casado, al grado de secuestrarla en alguna ocasión y mantenerla cautiva por  algunos días para vejarla y golpearla hasta que lo descubrió la familia. En muchas ocasiones reaccionaba así por los constantes reclamos de Nadia por la falta de dinero en el hogar y la negativa de Bernardo para que ella trabajara a pesar de que él lo hacía de manera irregular.

Periplo

Tras varios años de buscar justicia, Antonia, un poco desesperada por el estancamiento de los recursos legales, escribió una carta a la entonces primera dama, Martha Sahagún, para explicarle lo que ocurría con el caso de su hija. Al poco tiempo se reabrió el caso, pues la Procuraduría General de Justicia del Estado de México reconoció que habían ocurrido “algunos errores humanos”.

Los menores y Antonia volvieron a rendir su declaración. Tras cinco años y siete meses de investigación, en octubre de 2009, Felipe Landeros Herrera, Juez Tercero de lo Penal en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, declaró culpable a Isidro López Gutiérrez “El Matute”  del delito de homicidio doloso con todas las agravantes y lo sentenció a 42 años de prisión. Bernardo, el esposo de Nadia, estaba prófugo.

Una semana después, la defensa de “Matute” apeló la sentencia y se volvieron a analizar los expedientes. Las conclusiones del  Tribunal Superior de Justicia mexiquense revocaron el fallo de Landeros Herrera, pues consideraron que con base en los dictamines realizados por la Procuraduría, a pesar de que en ellos, el personal de la dependencia incurrió en irregularidades, calificadas como “errores humanos”, y por la invalidez de los testimonios de los menores, no había motivo suficiente para que “Matute” permaneciera en prisión.

Esto a pesar de que los dictámenes de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas señalaban que los hijos de Nadia no mentían respecto al asesinato de su madre sino por el contrario mostraban síntomas del trauma ocasionado por este hecho.

Lo que fue una cubeta con un balde de agua fría para la familia tardó poco más de dos años en subsanarse con la captura de Bernardo, la pareja de Nadia, a quien no se le imputó el delito de feminicidio bajo el argumento de que éste aún no estaba tipificado cuando se volvió a revisar la investigación, y por tanto, se le investiga por homicidio.

Fuera del país

Ante los hechos, María Antonia y Viviana acudieron a instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,  organismo que desde octubre de 2010 revisa el caso y ha dado respuestas favorables que han permitido el avance del mismo hacia la justicia tan anhelada por toda la familia Muciño Márquez.

En sus argumentaciones, respaldadas por la Comisión Mexicana de Defensa y Protección de los Derechos Humanos, señalan que se les han menoscabado múltiples derechos, entre ellos, el de integridad personal, a las garantías judiciales y al debido proceso, a la protección de la familia, a la igual protección de la ley y  a la protección judicial, entre otros, salvaguardados por tratados internacionales de derechos.

Con la foto de Nadia en una playera o sobre una cruz rosa, Antonia y Viviana han recorrido diferentes instancias, se han sumado a otras luchas sociales y han apoyado a otras familias que padecen la misma situación con la firme convicción de que no ocurran más casos similares, que se castigue a los culpables, pero sobretodo, que el caso de Nadia no se deja a la “justicia divina”.

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