Las estudiantes de educación superior que se convierten en madres afrontan –aun antes de parir– situaciones de vulnerabilidad y, debido a la no planeación del primer embarazo –una constante entre las jóvenes– adelantan otras transiciones: la unión en pareja o la incorporación al sector laboral. En consecuencia, el ingreso y el egreso de la universidad dependerán del valor que cada una otorgue a los estudios y los recursos de que disponga, sostuvo la maestra Vanessa Arvizu Reynaga.

La alumna del Doctorado en Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) obtuvo el Premio ANUIES a la Mejor Tesis de Maestría 2016 con el trabajo Madres en la universidad: una exploración a las trayectorias educativas y cursos de vida de los estudiantes de la UAM-A, en el que analiza sucesos biográficos en la vida –incluida la escolaridad– de las mamás que cursan estudios en esa sede académica.

Arvizu Reynaga exploró en qué medida el cruce de la maternidad y la educación genera ventajas o desventajas para el desenvolvimiento en el aula.

La investigación de estos aspectos contribuye a entender la realidad, más allá del imaginario colectivo en jóvenes de 18 años solteros y dedicados de tiempo completo al aprendizaje.

Esta indagación partió del interés personal por saber qué pasa con las mamás universitarias e identificar los cambios que su condición conlleva en las jornadas e itinerarios durante la estancia en la institución.

Una de las conclusiones señala que la Unidad Azcapotzalco de la UAM “es un lugar poco idóneo para ejercer la maternidad, pues los espacios no son adecuados para que ellas puedan llevar a los hijos; las condiciones y requisitos escolares suelen dificultar el ingreso y la permanencia, además de que no hay políticas universitarias completamente efectivas con el fin de atender a este sector de la población y solventar los obstáculos”.

Para su trabajo, la maestra Arvizu Reynaga utilizó la “perspectiva de curso de vida”, que permite analizar la trayectoria biográfica de una persona.

En entrevista explicó que hay algo denominado “curso normativo”, que “no opera muy bien en el caso de las madres estudiantes” porque supone que una persona para que se convierta en adulto debe experimentar cinco sucesos: egresar de la universidad, obtener un empleo, alcanzar la emancipación, unirse a otra persona y tener hijos.

Las madres que continúan sus estudios han roto ese esquema, que “no aplica para ellas” porque se enfrentan a situaciones, por ejemplo, la discriminación, entre otras que prevalecen y afectan su trayectoria escolar, incluso con la intervención de la propia familia, que llega a conminarlas a abandonar la universidad para cuidar al hijo.

Además surgen dificultades para cumplir las políticas institucionales, pues a pesar de mantener un buen promedio es difícil cubrir los requisitos del servicio social o participar en el programa de movilidad académica.

La investigadora precisó que empleó las bases de datos de la encuesta Trayectorias de los alumnos de licenciatura. UAM Azcapotzalco, un proyecto iniciado en 2003 por el Departamento de Sociología con el propósito de profundizar en el origen, los hábitos e historial académico de los matriculados.

Esa información permitió ubicar a las madres estudiantes, la representatividad por generación y las diferencias principales respecto de sus pares. Los datos fueron complementados con entrevistas en profundidad a 20 participantes, lo que reveló que los cursos de vida de este grupo son diferentes a los de sus compañeros que no han experimentado la maternidad.

“No hay un curso de vida que muestre el mismo comportamiento en cuanto al orden de los hechos, calendario e intensidad”, es decir, el camino escolar y de vida no son lineales, sino que trazan direcciones y rutas distintas.

La exploración empírica también probó ciertos supuestos: las alumnas mamás presentan –desde antes del nacimiento del bebé– situaciones de vulnerabilidad y que los sucesos previos ya se diferenciaban, en comparación con los de quienes no son madres.

La ausencia de planificación del primer embarazo es una constante entre las jóvenes, cuya maternidad adelanta otras transiciones: la unión o el ingreso al mercado laboral. Con el nacimiento del primogénito deben buscar actividades económicas para obtener ingresos que en general desempeñan en el comercio informal o en la propia institución durante sus ratos libres.

Aquellas que buscan trabajo aspiran a una media jornada o un empleo temporal que casi siempre son mal remunerados, sin prestaciones ni relacionados con sus estudios.

Otra característica de las madres universitarias es la diversidad del estado civil, pues a diferencia del pasado, las nuevas generaciones pueden permanecer solteras, divorciarse o unirse sin contraer matrimonio, situaciones que no involucran señalamientos o críticas sociales severas, como ocurría hace décadas.

La investigación detectó que en los casos de quienes vivieron en unión libre, el rompimiento con la pareja les permitió continuar sus estudios universitarios, debido a que ésta se oponía a que desarrollaran sus actividades escolares. Las jóvenes suelen no cambiar su residencia y permanecer en casa de los padres, incluso las que vivían con la pareja.

Es en el hogar paterno donde encuentran la red de apoyo primordial para el cuidado de los infantes y obtienen la ayuda monetaria para costear su formación profesional.

La maestra Arvizu Reynaga advirtió que además de la colaboración familiar, el ingreso, la permanencia y el egreso de la universidad dependerá en gran medida del valor que ellas otorguen a los estudios, los recursos de que dispongan y las estrategias que generen.

El porcentaje de estudiantes mamás en la Unidad Azcapotzalco disminuyó de seis a tres por ciento entre 2006 y 2013, un dato que no se corresponde con la tendencia al incremento en la cantidad de embarazos entre adolescentes. La galardonada instó a revisar por qué no están llegando al nivel superior.

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