Rocío Sánchez

Ciudad de México a 16 de junio de 2017

María y Antonia están recién llegadas a sus cuarenta y tienen todo un mundo para reflexionar: sobre la vida, sobre la familia, sobre cómo ser no-mujeres, sobre el amor, el sexo y la vejez. María y Antonia protagonizan Lo que soñé mientras dormías (Planeta, 2017), la primera novela de Ana Francis Mor, columnista e integrante del colectivo teatral Las Reinas Chulas.

A esta actriz, cabaretera y activista, le interesaba contar las historias que no están documentadas por escrito, aunque se encuentren por montones en la realidad cotidiana y en la tradición oral: la historia de las mujeres, de cómo piensan y cómo tratan de acomodar sus vidas conforme les van sucediendo cosas.

“He observado que cuando a una mujer le quitas el asunto del amor y el asunto de la maternidad, le queda todo un universo qué reflexionar”, comenta en entrevista con NotieSe.

“Por supuesto, las mujeres reflexionan muchísimo, lo que pasa es que están tan preocupadas por lo inmediato de la maternidad y lo inmediato del amor (entendiendo el amor como este sostenimiento del entorno que implica la familia, y el sostenimiento de la ficción del amor romántico). En eso se va un chingo de energía”. Por eso, sigue, si se le quitan esas ocupaciones a un personaje femenino, le queda todo por pensar. “Le quitas estos dos o tres amarres que tenemos de cajón las mujeres y, ¡puf!, vuelan”.

Es lo que hacen María y Antonia a lo largo de las páginas del libro: tratan de comprender desde dónde despegan, hacia dónde vuelan y cómo será ese camino. Son compañeras de vida, de historia y de preguntas. Son lesbianas pero no se aman con amor erótico, sino con uno de hermanas de esas que se eligen.

Historias por contar

Por su formación de actriz, Ana Francis Mor aprendió que hay historias clásicas que deben ser contadas. Sin embargo, en algún momento se cuestionó por qué habría de contar siempre lo mismo, ¿dónde estaban esas otras historias que no se habían narrado? Descubrió que ese era su cometido: lograr narrarlas. “Siento que, en la escritura, hay una ausencia importante de lo que nos preguntamos las mujeres, que no tenga relación con el amor y con los hijos”, observa.

Entre estos vacíos narrativos, la también autora de la columna El Manual de la Buena Lesbiana identifica la necesidad de cuestionar la dependencia hacia lo masculino que las mujeres han experimentado por generaciones. Sus dos protagonistas buscan ser lo que ellas llaman no-mujeres, es decir, alejarse del estereotipo tradicional de mujer que han observado, por ejemplo, en sus madres, hermanas o abuelas. “El nivel de dependencia económica que tienen las mujeres con los hombres, el nivel de violencia y de poder en una relación heterosexual me tienen sorprendida”, afirma y se reivindica como una observadora del comportamiento humano.

Para ser una no-mujer, dice, “tienes que romper un montón de creencias de lo que significa ser mujer; una serie de creencias que te hacen depender. Conforme las vas rompiendo te da mucho miedo, pero luego viene la libertad y eso es lo máximo”.

Para Ana Francis, la novela, a diferencia del escenario, es un espacio que le permite extenderse, donde puede ser vasta al contar la historia que quiere transmitir. Esto hace posible que Lo que soñé… ofrezca gran detalle sobre la historia familiar de las protagonistas, un tema que para la autora es crucial. “Creo que la familia es fundamental para definir quién eres, y puede ser determinante hacia muchos sentidos: tu familia te puede determinar para que seas exactamente lo contrario a ella o para que sigas su línea o para que salgas corriendo y no regreses nunca más”.

Desde su perspectiva, el entorno familiar, tal como está planteado a hora, es muy conflictivo. “Nadie está bien con su familia. Nadie. Ese conflicto es muy interesante y nos es muy afín a todas las personas”.

Así, la activista se interesa por la narrativa de lo familiar y su vínculo con el ser mujer, ya que “las mujeres somos las encargadas, culturalmente, de preservar tradición”. Es por eso que “la crianza, en un sentido, es creación, es también creación de mundo, de universo, de posibilidades, de civilización”, lo cual es un tema que le inquieta.

Más allá de las etiquetas

Ser capaz de llegar a un público amplio como el de una editorial como Planeta podría resultar en que resuenen un par de etiquetas para esta obra: feminista y lésbica. Sobre la primera, Ana Francis Mor asume de lleno, “mi creación es feminista porque yo soy feminista”. Y aunque también se asume abiertamente lesbiana, no es ese el tamiz de su novela. “Sucede que los personajes son lesbianas, pero ese no es el tema”. Para ella, la posibilidad que le brinda estar en una editorial de esta dimensión “es que podamos trascender las etiquetas. Utilizarlas, por supuesto, bien utilizarlas y portarlas como lo que son, como parte de mi corazón, pero justamente lo que me ha permitido esta historia es narrar la naturaleza humana”.

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